A Valentino Rossi, italiano de 24 años, a quien coronan cinco títulos mundiales, tres consecutivos en la máxima categoría, 90 podios, 59 grandes premios ganados -sólo superado en la historia por su compatriota Giacomo Agostini, el español Ángel Nieto y el británico Mike Hailwood- le quedan pocos retos por conquistar en el mundo del motociclismo. Quizá por ello, ha hecho sus pinitos al volante de un coche de rallies y, en un futuro no muy lejano, amenaza con convertirse en piloto de fórmula 1. Pero antes, Rossi ha optado por el más difícil todavía y ha cambiado una máquina de ganar, Honda, por otra que no sabe lo que es un título mundial en la máxima cilindrada desde 1993.
Se va Rossi a Yamaha, y la culpa la tiene el dinero. Recibió el italiano una oferta de la marca japonesa que dejaba en pañales a la de Honda. 1.000 millones de euros anuales cobraba en esta escudería; 1.600 cobrará en Yamaha. Pero también ha influido en su decisión las cada vez más ruidosas diferencias que mantenía con los responsables de Honda. La disciplina de este equipo no casaba con el carácter de un tipo que vive, y corre, para divertirse. Por eso rechazó Rossi la oferta de Ducati, similar a la de Yamaha. No estaba convencido de que allí le dejaran ir por libre.
Dos años estará Rossi en Yamaha, donde será compañero de Carlos Checa, que le ha recibido con alborozo al considerar que su llegada empujará al equipo a conseguir lo que hasta ahora no ha tenido: una moto competitiva. "Pensamos que estamos en condiciones de dar a Rossi los medios necesarios para que con nosotros también gane", declaró Lin Jarvis, director gerente de Yamaha. Y por si no estuvieran en condiciones, ya se ha encargado el propio Rossi de instarles a que fichen a algunos de los ingenieros con los que, en Honda, ganó todo lo que se puede ganar en el motociclismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003