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Espías militares chilenos asaltan un consulado argentino en busca de documentos

El Gobierno de Chile destituye inmediatamente a varios jefes militares y se disculpa

El Gobierno chileno dio de baja a un teniente coronel y un general del Ejército presentó su dimisión después de que militares de una unidad de inteligencia de la región austral del país entraran el domingo en el consulado de Argentina en Punta Arenas, 2.400 kilómetros al sur de la capital, a espiar documentación confidencial y fueran sorprendidos por el cónsul. El incidente, considerado "serio" por Argentina, motivó la reacción de las autoridades chilenas, que lamentaron los hechos y dijeron que los militares actuaron por su cuenta y sin instrucciones superiores.

Fue el cónsul adjunto de Argentina en Punta Arenas, José Andrés Basbus, quien sorprendió a los intrusos en la sede del consulado, cuando ingresó sorpresivamente el domingo temprano, para buscar documentación para una elección local en Chubut. Según relató, observó que las luces estaban encendidas y junto a una mesa había dos camperas, documentos confidenciales ordenados y fotocopiados, listos para llevárselos, una cámara filmadora y la caja fuerte abierta.

Al ver que un hombre huía, Basbus relata que se abalanzó y forcejeó con éste, impidiendo que se llevara los documentos. Sin embargo, el sujeto pudo escapar al igual que su cómplice. El cónsul adjunto se percató de que uno de los hombres tenía acento chileno. La acción fue chapucera al máximo. Uno de los miembros de la unidad de inteligencia de la región militar austral chilena dejó una cédula de identidad, un permiso para portar armas, la filmadora con la cinta en su interior, donde había varios minutos de imágenes del consulado. En una cadena radial Basbus afirmó que la información que se pretendía robar era "clasificada, de índole variada", sin descartar que incluyera aspectos de defensa, sobre la relación bilateral de ambos países, documentación que iba con destino a la cancillería.

El cónsul informó al embajador de Chile en Argentina y éste a la cancillería transandina. Kirchner, desde su lugar de descanso en Chapadmalal, ordenó al canciller Rafael Bielsa calificar como "serio" el incidente y el embajador argentino en Santiago, Carlos Abihaggale, transmitió mediante una nota la preocupación de su Gobierno y pidió el esclarecimiento de los hechos.

La reacción chilena fue rápida, buscando aplacar el malestar argentino y evitar que una relación bilateral amistosa se vea empañada por hechos de este tipo, que no se presentaban desde la guerra de las Malvinas, en los años ochenta. La ministra de Defensa chilena, Michelle Bachelet, pidió explicaciones a los militares y poco después el comandante de la región militar austral, el general de división Waldo Sauritz, presentó su dimisión, que fue aceptada, "asumiendo la responsabilidad final del mando". El implicado directo, el teniente coronel Víctor Hugo Poza, jefe de la unidad de inteligencia, fue dado de baja de inmediato "por su responsabilidad personal en los hechos".

La rápida y enérgica reacción chilena tuvo buena acogida en Argentina. La cancillería de ese país, valoró en un comunicado que la respuesta chilena "se corresponde con la relación bilateral actual", al resolver abrir proceso a los responsables, la renuncia de jefes militares y la condena de "este suceso extemporáneo y torpe". Al término de una reunión de una hora con la canciller chilena Soledad Alvear, el embajador argentino Carlos Abihaggle descartó que el incidente provoque un problema diplomático y afirmó que los consulados de su país no tienen nada que ocultar. "Nadie se haga ilusiones que porque llega a una dependencia como esa le va a encontrar el agujero al mate, como decimos nosotros, o al queque, como ustedes dicen", dijo el embajador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003