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Reportaje:

Naoto Kan, un rebelde contra el sistema

El líder opositor japonés utiliza nuevas formas de hacer política

El arma de Naoto Kan ha sido un manifiesto de 25 páginas en el que ha descrito con pelos y señales los objetivos del Partido Demócratico de Japón (PDJ), el camino para conseguirlos y el tiempo necesario. Nunca en la historia política japonesa un dirigente había considerado necesario explicar cuáles eran sus planes de gobierno. Pero este político de 56 años, hijo de un hombre de negocios, que a diferencia de muchos de sus compañeros de la Dieta llegó a ella por convencimiento y no por herencia, conoce las bases del electorado desde que estudiaba Físicas en el Instituto Tecnológico de Tokio.

Naoto Kan tuvo que presentarse cuatro veces hasta conseguir en 1980 su ansiado escaño por el desaparecido Partido Democrático de la Unión Social, muy activo en cuestiones de medio ambiente. Como la mayoría de los partidos y políticos japoneses, pronto sería fagocitado por el Partido Liberal Democrático (PLD). No fue por mucho tiempo. Como Jonás, Naoto Kan salió de la panza de la ballena para rebelarse contra el sistema. En 1996, cuando era ministro de Salud, se descubrió el espinoso escándalo de la sangre contaminada de hepatitis y de sida. Kan, que ha perdido la voz en esta campaña, se empeñó entonces en sacar a la luz pública todos los papeles y en responsabilizar al Gobierno de la contaminación.

Dos años despúes, sin embargo, su fulgurante estrella se extinguía. Un escándalo sexual, de los que comienzan a circular por Japón aunque a muchos más se les echa tierra encima, avivado por las luchas internas del PDJ, que se formó como tal en ese año de 1998, pareció enterrarle. Animal político, Naoto Kan, conocido por sus arranques de rabia, se sobrepuso y se embarcó en hacer del PDJ un vencedor. Su lema fue: "Si en esta campaña no llegamos al Gobierno, estaremos preparados para la siguiente". Definido el objetivo, lo demás fue ponerse manos a la obra y sorprender a los japoneses con un detallado programa político, con el que les retó a que le pidieran cuentas si no lo cumplía. En octubre pasado logró que el PDJ, centrista, absorbiera al Partido Liberal (22 escaños); mientras se quitaba la chaqueta, estrechaba manos, recorría barrios y repartía su manifiesto en cómics para los niños.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003