Convencido de que el detenimiento de la mirada crea nuevas realidades, Jesús Mari Lazkano (Bergara, 1960) sigue utilizando la pintura como una excusa para la contemplación. En su primera exposición individual en Pamplona, Lazkano exhibe su trabajo más reciente, una serie que recrea el pabellón que Ludwig Mies Van der Rohe para Alemania en la exposición universal de Barcelona de 1929.
Se trata de obra reciente, de este mismo año 2003, realizada en pequeño y mediano formato, en la que el pintor profundiza en el significado de la arquitectura como metáfora de una presencia humana ausente del lienzo. Para ello ha analizado uno de los edificios clave en la arquitectura contemporánea del siglo XX, el pabellón de Van der Rohe, reconstruido entre 1983 y 1986 en Barcelona en el mismo lugar en el que lo levantó el arquitecto alemán y con el mismo entorno que tuvo en su origen.
La alabada manufactura de Lazkano ("un riesgo asumido", afirma el autor) da paso a escenarios imposibles. Una propuesta de serena contemplación hacia un sueño permanente. La exposición del pintor en la sala Sei (Abejeras, 6; hasta enero de 2004), compuesta por una treintena de obras, avanza en una reivindicación ya clásica de su trabajo. "Necesitamos prestar atención, detenernos más ante las cosas", afirma Lazkano, profesor de la Facultad de Bellas Artes de Bilbao. "Reclamo esa mirada pausada como un acto de resistencia". Las líneas rectas, los depurados espacios vacíos de un edificio construido por Van der Rohe con vidrio y mármoles son un motivo contemporáneo perfecto para el trabajo de un pintor preocupado por el significado de las ciudades y su arquitectura.
"El espectador puede penetrar ahí dentro, en el propio edificio, soñar con él, pensar en qué haría en su interior, mirar la luz que lo baña", indica Lazkano. El rico resultado ambiguo de la propuesta entronca con la trayectoria neoyorquina y romana del pintor, presente en la muestra a través de una selección de cuadros de sus diez últimos años, que incluye también piezas de las ciudades estadounidenses de Dallas y Chicago y de su serie sobre invernaderos. Lazkano trabaja actualmente en la confección de murales para la estación de San Mamés de Bilbao. "Estoy convencido de que podría pintar durante toda la vida los mismos paisajes. Lo ensayé en el estudio publicado desde mi casa en Urdaibai", explica Lazkano. Y añade que los temas de la pintura se pueden relativizar, que lo que cambia es la mirada. "Cada vez que miras algo es distinto. Tú has cambiado y cambia el objeto mirado. La pintura es una simple herramienta. Las tecnologías, contemporáneas o no, no sirven de nada si nosotros somos incapaces de proponer cuestiones vivas", concluye el pintor guipuzcoano.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003