Xavi Cañete tiene 27 años. Hace siete sufrió un accidente de coche. Era la primera vez que salía de noche sin conducir él. No recuerda el accidente, pero sabe que salió despedido del vehículo y se arrastró por el asfalto. Estuvo un mes y medio en coma en el Hospital Universitario de Bellvitge (Barcelona), donde le tuvieron que amputar la pierna izquierda a la altura de la tibia. "Me di cuenta de que no era un sueño cuando me miré por debajo de la sábana y vi que no tenía pie", explica. Y dentro de todo tuvo suerte. Otros terminan en silla de ruedas.
La carretera se cobra cada año cerca de 5.000 vidas, la mayoría de menores de 35 años, hasta el punto de que los accidentes constituyen entre los jóvenes la primera causa de mortalidad, por encima de las sobredosis de droga o el sida. Pero hay también otras víctimas que quedan tendidas en el asfalto. Son los 30.000 accidentados que cada año sufren heridas graves de las que a menudo se derivan secuelas de por vida, como la amputación de Xavi Cañete.
Más de 800 personas sufren cada año una lesión medular por un accidente de tráfico
"Me di cuenta de que no era un sueño cuando me miré bajo la sábana y vi que no tenía pie"
"La amputación traumática", aclara Rosa Rotllant, jefa clínica del Servicio de Rehabilitación del hospital de Bellvitge, "implica un cambio en el esquema corporal del paciente. En adelante va a depender de una prótesis para realizar cualquier actividad y el proceso de adaptación puede resultar muy lento, porque el muñón no suele estar en buenas condiciones. De hecho, es secundario a otras lesiones que pueden poner en peligro la vida del paciente. Mientras sana, sin embargo, llevará una prótesis provisional porque es muy importante que recupere su esquema corporal", explica la doctora Rotllant.
La rehabilitación es bastante dura. El paciente se tiene que habituar a la falta del miembro, a la prótesis y aprender a caminar de nuevo. Sin embargo, para Xavi, como para la mayoría de lesionados en accidentes de tráfico, "lo peor de todo es el daño psicológico que te produce el accidente". "Estuve mucho tiempo depresivo", añade, "y ahora, ante un problema de confianza siempre aparece el accidente. Soy más inseguro y tengo más miedos; la vida es más incómoda, y eso es lo que más te cuesta superar. El dolor físico pasa, pero el psicológico queda".
Ana Belén S. tiene 18 años y es de un pueblo de Jaén. El verano pasado sufrió un accidente de tráfico que le produjo una lesión medular completa. Le han dicho que no volverá a caminar, pero se resiste a creerlo. Tuvo, sin embargo, mejor suerte que su amiga, que murió. La imagen de su amiga muerta encima de ella vuelve a su mente una y otra vez, por eso recibe ayuda psicológica en el Instituto Guttmann (Barcelona), donde está ingresada y donde cada día hace cinco horas de rehabilitación. No entiende por qué le ha tocado a ella. "No he hecho nada para merecer esto. Daría la vida por poder aguantarme un segundo de pie", dice. Sabe que le va a costar, pero va a seguir luchando.
El de Ana Belén no es un caso aislado. Más de 800 personas sufren cada año en España una lesión medular por accidente de tráfico. Y, aunque se investiga intensamente, la lesión medular sigue siendo irreversible. Un informe del Hospital Nacional de Parapléjicos (Toledo) alerta de que las víctimas de un accidente de tráfico son cada vez más jóvenes y de que aumentan las lesiones altas, es decir, las tetraplejias.
"La médula", explica Luis García Fernández, jefe clínico de la Sección de Lesionados Medulares del hospital de Vall d'Hebron (Barcelona), "funciona como un cable telefónico que conecta el cerebro con el resto del organismo y a través del cual viajan las informaciones y las órdenes. Cuando se lesiona, la zona que queda por debajo deja de recibir las órdenes de movimiento y sensitivas. Esta lesión no suele afectar a la función cognitiva, por lo que el paciente es consciente de su mal".
Otra de las secuelas más frecuentes de los accidentes de tráfico son los traumatismos craneales. Según la Federación Española de Daño Cerebral (Fedace), cada año 40.000 personas menores de 30 años sufren traumatismos craneoencefálicos por accidente de tráfico. Muchas de ellas sufrirán alteraciones en la capacidad intelectual y conductual y dificultades de reinserción social y laboral.
Remei Zambudio tenía 35 años cuando perdió en un accidente de tráfico a su marido y a su hija, de 11 años. Su coche y otros cuatro más fueron embestidos por detrás por otro vehículo. Estaban parados porque se había producido un accidente en la autopista por la que circulaban. Ella sufrió un traumatismo craneoencefálico con muchas complicaciones. Estuvo varios meses en coma y dos años ingresada. El daño cerebral le produjo una parálisis y, aunque ha podido volver a caminar, tiene trastornos de coordinación y de control del movimiento. "No puedo subir las aceras porque la pierna no me responde cuando quiero flexionarla, así que siempre pido ayuda", explica. También sufrió alteraciones en la visión, el lenguaje y en la capacidad de deglución a causa de la traqueotomía que se le realizó. Pero ha podido volver a hablar correctamente.
"El traumatismo craneoencefálico es una lesión difusa y muy compleja porque atañe a todo el cerebro", explica Inmaculada Bori, jefa clínica del Servicio de Secuelas Neurotraumatológicas del Vall d'Hebron. Como consecuencia de un golpe en la cabeza "se pueden producir déficit neuromotrices, sensoriales, neurológicos, cognitivos, etcétera, por lo que estos pacientes no suelen ser conscientes de su situación". Su capacidad intelectual puede quedar muy mermada y sufrir trastornos de memoria, de personalidad y de carácter. Las secuelas psicológicas y cognitivas son muy habituales en estas lesiones.
Pese a su dramática situación, Remei ha tenido suerte, pues no ha visto alterada su función cognitiva. Es muy consciente de su situación y prueba de ello es el libro que ha escrito, Vivir de nuevo, con el que pretende ayudar a las personas que se encuentren como ella. "Explico, en tono divertido, cómo he superado situaciones adversas para que la gente se dé cuenta de que es posible hacerlo", aclara. "Para seguir viviendo es básico asumir lo que te ha pasado, tu nueva vida y mirar hacia delante". ONCE-Cataluña ha querido reconocer su esfuerzo con uno de los 11 Premios a la Solidaridad y Superación que otorga cada dos años.
La importancia de la rehabilitación multidisciplinar
Según datos de la Dirección General de Tráfico, en España se producen cada día 15 muertos y 73 heridos graves por accidente de circulación. Muchos de estos pacientes sufren múltiples lesiones físicas y secuelas psíquicas y psicológicas.
Dada la variedad y la complejidad de estas lesiones, resulta primordial una rehabilitación multidisciplinar; es decir, el trabajo conjunto de médicos, psicólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, asistentes sociales, etcétera, no sólo hasta el momento del alta médica, sino también más allá, para reincorporar a estas personas dentro de lo posible a la vida familiar y social. Según un estudio realizado por la Federación Europea de Víctimas de Accidentes de Tráfico, cerca del 50% de los familiares de las víctimas de accidentes y el 60% de quienes quedan discapacitados y sus familiares experimentan una importante disminución en su calidad y nivel de vida. Sus vidas cambian radicalmente y su impacto sobrepasa el ámbito estrictamente clínico. Las víctimas más graves ven truncadas sus vidas en cuestión de segundos y padecen serias dificultades de readaptación a la vida familiar, social y laboral y secuelas físicas, psicológicas y psíquicas, como depresión, angustia, insomnio, fobias o inseguridad. Se produce un antes y un después y en muchas ocasiones la víctima del accidente tiene que comenzar de cero y en algunos casos, como el de los tetrapléjicos, con expectativas muy limitadas.
En España, asociaciones como Fedade o Aesleme (Asociación para el Estudio de la Lesión Medular Espinal) y centros como el Instituto Guttmann, el Hospital Nacional de Parapléjicos y el Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral (Ceadac) se dedican en exclusiva a la rehabilitación integral de este tipo de enfermos. Su función es prevenir estas lesiones, mejorar las condiciones de vida de los afectados para conseguir el mayor nivel de integración social posible, enseñar a las familias los cuidados del paciente y dar a conocer a la sociedad los problemas a los que se enfrentan estas personas. Aparte del impacto sociosanitario, según datos de la Dirección General de Tráfico, los accidentes de tráfico cuestan en España más de 6.000 millones de euros anuales, unas 70 veces lo que llevamos gastado en la guerra de Irak.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003