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Un pequeño electrodo en el cerebro reduce los síntomas en los casos graves de Parkinson

La implantación se realiza desde hace tres años en España con resultados prometedores

Es cuestión de voltios. Aunque la enfermedad de Parkinson se produce por falta de un neurotransmisor, la dopamina, la implantación de un microelectrodo en el cerebro reduce los síntomas que produce. La técnica se realiza desde hace tres años en seis centros de España con resultados prometedores.

El Parkinson aparece cuando, por razones todavía desconocidas, el cerebro deja de producir dopamina. Su falta se traduce en temblores incontrolados, rigidez de movimientos y problemas motrices. El primer tratamiento, el usado hasta ahora, es el obvio: dar dopamina (o sustancias que una vez en el organismo se convierten en dopamina). Pero con el paso de los años, los pacientes responden cada vez peor al tratamiento. Para éstos hay que buscar alternativas. Escarbando en el cerebro, los neurocirujanos han encontrado una nueva puerta para el tratamiento: aplicar un pequeño electrodo en una zona concreta del cerebro.

Si la implantación del electrodo resulta un éxito, la medicación se reduce a la mitad

El paciente dispone de un mando a distancia para apagar el estimulador

Uno de los hospitales que más pacientes ha tratado con este procedimiento es el Virgen de las Nieves, de Granada. La cirugía se hace bajo el llamado uso tutelado. El Ministerio de Sanidad evalúa el rendimiento de la técnica y decidirá si se implanta en todos los hospitales de la red pública. "A partir de los cinco años de tratamiento, vemos que los pacientes con Parkinson no responden igual al tratamiento farmacológico. A partir de ese momento ha pasado lo que conocemos como luna de miel de la medicación", explica el neurólogo Adolfo Mínguez, del Virgen de las Nieves. En ese momento, añade, "aparecen movimientos involuntarios y el efecto del tratamiento es errático, muy variable y la calidad de vida es insostenible. Ése es el momento de pensar en otro abordaje". El nuevo abordaje, la cirugía, tampoco cura el Parkinson, pero mejora la calidad de vida del paciente al reducir los movimientos involuntarios.

La teoría de la operación es tan simple como espeluznante. "El enfermo está despierto. Le colocamos un marco estereotáxico, que tiene cuatro pinchos que sujetan el cráneo. En el ordenador fusionamos las imágenes del TAC y la resonancia magnética nuclear y localizamos el núcleo ventral intermedio del tálamo o el núcleo subtalámico, generalmente", explica Ventura Arjona, jefe de Neurocirugía del hospital. Una vez localizado se abre un orificio en el cráneo de 14 milímetros de diámetro sobre el punto deseado. Entonces, un microelectrodo impulsa la actividad de las neuronas y estimula la zona del cerebro con pequeñas descargas.

El enfermo tiene este primer microelectrodo de prueba durante dos días. Si funciona bien, se le coloca el definitivo, que tiene un generador situado bajo la clavícula. El generador se une al electrodo mediante un cable situado en la piel por el cuello. El paciente tiene un mando a distancia para apagar el estimulador si ve que no funciona correctamente. En casos de temblores, los médicos aconsejan apagarlo por la noche.

Lo raro es que la estimulación con el microelectrodo mejora los síntomas de una enfermedad que se produce por la falta de un neurotransmisor. Y el microelectrodo no actúa sobre la dopamina. Mínquez detalla el proceso: "Es curioso, porque la enfermedad se produce cuando una serie de neuronas, las productoras de dopamina, van muriendo. Esto genera una cadena de consecuencias. La falta de dopamina afecta a otras estructuras del cerebro y cambia la actividad de estos circuitos". La conclusión es que la falta de dopamina produce una hiperactividad en unas neuronas que no tienen que estar hiperactivas. Luis Menéndez Guisasola, neurólogo del Hospital Central de Asturias, añade: "Esta hiperactividad es la que desencadena los síntomas del Parkinson. La neuroestimulación en esas zonas hiperactivas inhibe su funcionamiento. Así, la dopamina cerebral sigue siendo la misma". La cirugía actúa en el segundo eslabón de la cadena, el de la producción de los síntomas.

El hospital Virgen de las Nieves comenzó a realizar la operación en 1995. Desde entonces, ha operado a unos 100 pacientes de Parkinson, según Mínguez. El de Asturias ha tratado a otros 100 pacientes. El Ramón y Cajal a más de 200. Hace un año, y ante los buenos resultados, el Ministerio de Sanidad diseñó el programa de uso tutelado. En los pacientes tratados, los médicos han observado una mejora en el control sobre los movimientos del 40%. La mejora se mide en una escala que evalúa rigidez, movimientos involuntarios, si se puede caminar, etcétera. La calidad de vida mejora en un 30%.

Tras la intervención y aunque todo vaya bien, el paciente no deja la medicación. El neurólogo del Virgen de las Nieves Francisco Escamilla explica que lo bueno es que "se suavizan las fluctuaciones en los movimientos a lo largo del día". Una de las ventajas del tratamiento es que es reversible. Si el microelectrodo no da los resultados esperados, se retira y no destruye nada, el efecto es temporal. Uno de los problemas es que cuando los pacientes no están bajo los efectos de la medicación, son completamente dependientes, no pueden levantarse y andar solos. Al tomar la medicación, mejoran. Escamilla detalla: "Tras la cirugía, siguen teniendo los síntomas, pero los cambios de estado se suavizan". Roberto Figueira, del hospital Ramón y Cajal, señala que si la operación ha sido un éxito, la medicación se reduce entre el 40% y el 60%.

Hacia el implante de células

La cirugía está indicada en los estados más avanzados de Parkinson y la neuroestimulación es ya una alternativa real de tratamiento. Sin embargo, los expertos buscan dar el siguiente paso: el implante en el cerebro de células productoras de dopamina. Arjona lo define como "el tercer escalón" en la lucha contra el Parkinson". El Virgen de las Nieves lo ha ensayado en un grupo de 13 pacientes, aunque sólo como técnica experimental. Las células productoras de dopamina se extraen del cuerpo carotideo, una pequeña glándula situada junto a la arteria carótida que se encarga de medir el oxígeno de la sangre. Estas células son primas hermanas de las neuronas y producen dopamina. "Son células muy longevas", explica Méndez, "que parece que no se afectan con la enfermedad. En ratas y en monos se ha visto que no sólo producen dopamina, sino que regeneran el tejido cerebral dañado". El trasplante de estas células había sido ensayado en animales por el director del Laboratorio de Investigaciones Biomédicas de Sevilla, José López Barneo, y el Virgen de las Nieves ha comenzado los ensayos en humanos. La revista Neurosurgery publicó en agosto los primeros resultados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003

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