Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
CÁMARA OCULTA | NOTICIAS Y RODAJES

Excelentísima Concha, antes Conchita

En la gala de los premios europeos el sábado pasado en Berlín, le correspondió a Isabelle Huppert entregar el galardón honorífico por toda su carrera al gran Claude Chabrol. Curiosamente, unos meses atrás, en San Sebastián, había ocurrido al revés. Allí fue Chabrol quien hizo los honores a la Huppert entregándole el Premio Donostia. Ambos actos se parecieron, al menos en la medida en que los galardonados se entrecruzaron palabras de admiración y de cariño cómplice, aprovechando el momento para decirse esas pequeñas cosas que quizás hasta entonces habían callado por pudor.

Las gentes del cine se reúnen de vez en cuando para decirse que se quieren y que se admiran mucho. Y lo hacen tan sinceramente que las noches en que se dan sus propios premios acaban francamente emocionados, tal como marca ese guión no escrito que todos conocen por tradición. Se jalean unos a otros diciéndose que ya era hora de que se hubiera concedido el premio en cuestión, se arremete un poco contra la mala memoria de este país (o de cualquier otro) que olvida a sus artistas y de paso se critica la política del ministerio en relación con el cine español, dado que suelen estar presentes algunas autoridades dispuestas para la foto. Esta semana, por fin, le han dado a Concha Velasco la medalla de oro de la Academia de Cine. El asunto se venía aplazando desde hace meses por los muchos compromisos de la actriz, y hasta fue demorado la semana pasada como pésame por la muerte de varios españoles en Irak, no fuera a ser que el acto se transformara en otro alegato contra una guerra tan indecente.

La Velasco es una tía legal y procuró no olvidar a nadie en su discurso de agradecimiento, desde aquella remota Celia Gámez con quien empezó su carrera hasta sus compañeros actuales en el escenario... De la Velasco, que tiene tratamiento de excelentísima por habérsele concedido previamente la medalla de oro de Bellas Artes, se recordaron sus orígenes, su constante lucha por la supervivencia, sus vivencias en ese matrimonio de altibajos publicitado por las revistas del corazón tanto como por ella misma, su legendaria imagen de chica ye-ye, su involuntario liderazgo en aquella mítica huelga de los actores, su gran talento, su paso, en fin, por lo mejor y lo peor de nuestro cine... Un premio legítimo y necesario, que quizás no tenga la repercusión deseable. Son a veces estos premios tan endogámicos que viven y mueren en su propia representación ¡Tantos se dan! Por ejemplo, Mercedes Sampietro, que entregó en San Sebastián el Premio Aisge a Alfredo Landa, fue también la encargada de entregar la medalla a Concha Velasco, sin que ya pareciera tener actualidad el hecho de que ella misma sea el flamante premio Nacional de Cinematografía de este año. Ahora la propia Academia ha anunciado otro premio honorífico que se entregará en la ceremonia de los Goya a Héctor Alterio, ese buen actor argentino que nos hizo un gran favor refugiándose en nuestro país en tiempos difíciles.

En Internet también se entregan premios, como los Godoy, aunque en este caso especializados en las peores películas españolas del año. Ya hay bastantes candidatas (Atraco a las tres y media va en cabeza, con diez nominaciones), pero hasta finales de enero no se conocerán las ganadoras/perdedoras. Premios para joder, para defenderse del mal cine y también para reírse un poco de tantas estiradas ceremonias. De vez en cuando es más que sano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003