La utilización del poder de la imagen y del arte como propaganda ideológica de los sistemas absolutistas, o el intercambio de princesas como método de establecer alianzas políticas en las monarquías hereditarias son algunos de los temas que vertebran la exposición María Luisa de Orleans, una reina efímera, organizada por el Museo de Bellas Artes de A Coruña. Son 131 piezas del cambio de siglo XVII al XVIII, cuadros -de Juan Parreño o Claudio Coello, entre otros-, pero sobre todo grabados, dibujos, libros y esculturas, procedentes de casi treinta museos españoles, del Prado al Thyssen.
El origen de la muestra fue la identificación de un cuadro de los fondos del Prado cedido al museo coruñés. Resultó ser un retrato de María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV, precisamente el que le habían enviado de la corte de Versalles a Carlos II. El rey español ya estaba prometido con la princesa francesa, con vistas a estrechar lazos entre Austrias y Borbones, pero la imagen le causó una más que grata impresión y le determinó a llevar a cabo el matrimonio.
La que fue primera esposa de Carlos II fue reina únicamente entre 1680 y 1690, no tuvo descendencia, renunció a ejercer influencia alguna en las cuestiones de gobierno y ni siquiera se aclimató en la corte madrileña. Pero en esa década brilló más que nunca el arte efímero barroco como exaltación de la monarquía. La parte central de la exposición, La entrada triunfal de la reina, está dedicada precisamente a recrear las construcciones de arte efímero (arcos, pinturas y esculturas, alegorías y exaltaciones del poder absoluto) que decoraron el recorrido desde el Buen Retiro al Palacio Real en la llegada a Madrid de la Reina.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003