Francis Bacon intentaba plasmar en sus pinturas la esencia del ser humano, que no era otra cosa que la distorsión y la contradicción. Para retratar los rasgos físicos ya estaban las imágenes fotográficas, que él utilizaba como inspiración para muchas de sus obras. Es el caso del medio centenar de variaciones sobre el cuadro Inocencio X, de Velázquez, que el artista irlandés realizó. Desde ayer, el IVAM exhibe nueve de estas obras en la exposición Francis Bacon. Lo sagrado y lo profano, además de otros 40 cuadros sobre la crucifixión y las contradicciones del hombre.
Miles de fotografías se amontonaban en su estudio londinense, hasta el punto de formar "una especie de alfombra sobre la que pintaba, eso sí, impecablemente vestido", recordaba ayer el comisario de la exposición y amigo de Bacon (Dublín, 1909-Madrid, 1992) durante 30 años, Michael Peppiatt. Nunca quiso ver el cuadro original de Velázquez, que se exhibe en Roma, porque necesitaba un distanciamiento de la obra. Nueve variaciones de ese magnífico retrato del papa Inocencio X sentado que tanto obsesionaba a Bacon, junto a un cuadro del propio Velázquez, prestado por la National Gallery de Washington, conforman la sala que inicia el recorrido de la exposición temática, que se puede ver en el IVAM hasta el 21 de marzo.
"Explorando las contradicciones más profundas de la existencia humana, Bacon puso al descubierto los instintos más altos y más bajos del hombre", subrayó el comisario. De hecho, es "esta ambivalencia" que caracteriza la obra del artista de la Escuela de Londres el eje de la exposición, subtitulada significativamente Lo sagrado y profano, explicó el director del IVAM, Kosme de Barañano.
"Bacon, con su subversiva brillantez e imaginación, reinventó las categorías tradicionales de lo sagrado y lo profano, de modo que en una crucifixión refleja todo un acto de brutalidad, desprendiéndose de todo significado metafísico, simplemente como otro ejemplo de la inhumanidad y de la crueldad del hombre, mientras que representa a dos amantes masculinos que se abrazan en la hierba con la dulzura de una Piedad", señaló el comisario y biógrafo del artista, admirador de la cultura española y, sobre todo, de la pintura de Velázquez, uno de los más, si no el más, grandes pintores, a su juicio. "Es la primera exposición de gran envergadura que se celebra en un museo español en los últimos 50 años", comentó el comisario.
Además de las variaciones papales y de las crucifixiones, las obras expuestas, procedentes de museos como la Tate Gallery y el Metropolitan, colecciones privadas y galerías, representan personajes eclesiásticos, trípticos, escenas inspiradas en fuentes literarias y retratos de personas muy próximas al artista, como la modelo Isabel Rwasthorne, que fue modelo también de Giacometti y de Lucien Freud. El catálogo reproduce todas las obras e incluye varios artículos de especialistas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003