No se anduvo con chiquitas el Valencia anoche en Rotterdam. Se puso serio la primera media hora y echó al Maccabi a la cuneta de la UEFA. Sin contemplaciones. Ya se había visto en el choque de ida que el conjunto israelí era poca cosa. Si acaso una máquina de repartir patadas que se encomendó a la noche de gloria de su portero Dadidovic para quedarse con un 0-0 memorable. Anoche, ni eso. El Valencia le apretó las tuercas un rato y el cuadro israelí se empequeñeció irreversiblemente en la gélida noche holandesa. Benítez desplegó la que considera su mejor alineación. Y tan superior resultó el Valencia que algunos de sus futbolistas llegaron a recrearse en su suerte. Con Aimar y Vicente a la cabeza, en pleno esplendor de su talento. Y con los cerca de 200 estudiantes españoles de la beca Erasmus presentes en el estadio pasándoselo en grande.
MACCABI HAIFA 0 - VALENCIA 4
Maccabi: Davidovic; Azaria, Benado, Keinan, Keise; Badeer (Biruk, m. 65), Britez (Barda, m. 83), Tal, Zandberg (Dante López, m. 54); Katan y Rosso.
Valencia: Cañizares; Curro Torres, Ayala, Pellegrino, Carboni (Angulo, m. 46); Rufete, Albelda, Baraja, Vicente (Canobbio, m. 60); Aimar (Marchena, m. 76); y Mista.
Goles: 0-1. M. 10. Gran pase de Aimar a Mista,que encara a Davidovitch y le bate de tiro raso. 0-2. M. 24. Baraja remata un centro de Vicente. 0-3. M. 90. Albelda marca con la izquierda tras un pase de Canobbio. 0-4. M. 94. Angulo, de cabeza, tras un centro de Ayala.
Árbitro: Eric Braamhaar (Holanda). Amonestó a Britez y Baraja.
2.233 espectadores en el Sparta Stadium. Vuelta de la segunda ronda. Resultado ida: 0-0.
A sus 24 años, Aimar no le hace ascos a ningún tipo de partido. Siempre que haya fútbol de por medio, ahí aparece el pequeño media punta argentino dispuesto a disfrutar. Ayer se arremangó desde el principio. Entró al encuentro como un cohete, preparado para resolverlo raudo. Necesitó 10 minutos. Pegado a la esquina izquierda del centro del campo, dibujó una pared espléndida con Vicente, se desembarazó de dos rivales y trazó un pase raso en profundidad para que Mista corriera solo, por el centro, hacia la meta de Dadidovic. Esta vez Dadidovic, con el entorno de los ojos pintado de gris al estilo Rustu, no fue el de Mestalla. Mista resolvió con clase. No suele temblar en estas ocasiones, sino que espera la salida del portero y, cara a cara, coloca el balón muy ajustado a uno de sus lados. Aimar entendió que debía explotar el flanco izquierdo. El de Vicente, que está imparable. El interior zurdo alcanza la línea de fondo con una facilidad insultante. Y en uno de sus centros, Baraja acudió al remate a bocajarro para finiquitar la eliminatoria.
Como si quisiera ganarse el favor del país anfitrión, el Valencia se vistió de naranja, el color de la familia real holandesa y, por extensión, el de la selección de fútbol. Y fue inevitable que alguien se acordara de la legendaria Naranja Mecánica. Sin rival de por medio, claro. Y en un ambiente fantasmal, sin apenas público (2.330 espectadores) y con un frío hiriente.
Llegada la media parte con una ventaja tan ancha (0-2), Benítez hubiera querido dar descanso a todos sus chicos. Pero sólo se lo concedió a Carboni, saturadísimo como está de minutos por necesidad: la larguísima lesión de Fabio Aurelio. Curro Torres pasó al lateral izquierdo y Angulo entró en el derecho. Naturalmente, el versátil Angulo lo agradeció con el cuarto tanto valencianista: se tiró en plancha y cabeceó cruzado a gol.
Tan sentenciada parecía la cita, que Aimar consideró extemporánea una fea falta por detrás del paraguayo Jorge Brítez. La novedad era el ostensible enfado de Aimar, que suele encajar los golpes con resignación. Ayer no. Se encaró con Brítez y como los dos son de similar estatura, hubo unos segundos de máxima tensión. Afortunadamente, no pasó a mayores y se saldó con una tarjeta amarilla a Brítez. Eso sí, poco después, el argentino se vengó de la mejor manera posible: con un regate espectacular que dejó tirado al paraguayo, que se quedó mirándole el número 21 al valencianista. Recordará ese dorsal durante mucho tiempo. El mismo que se retiró a la ducha a continuación con los aplausos de la exigua grada. En la media hora final, el Valencia se relajó. Se dejó llevar y el paraguayo Dante López, que acababa de llegar del Campeonato del Mundo sub 20 de Arabia Saudí, a punto estuvo de marcar. Pero quien marcó fue Albelda, que llevaba tiempo buscando un gol desesperadamente. Y que le vendrá de perlas ese tanto con la zurda, en un disparo cruzado, ahora que está negociando tan duramente con la directiva la renovación de contrato, que expira en 2005. El árbitro alargó tres minutos el encuentro y fue entonces cuando Albelda y Angulo hallaron el momento justo para sus reinvindicaciones. El primero quiere cobrar más y el segundo quiere más minutos de juego.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003