Luis Fernández, (Tarifa, 1959), presume de origen hulmilde. Marcado por la muerte de su padre cuando era un crío, creció en los arrabales de Lyón, donde aprendió a ser más listo que valiente para ganarse el respeto del barrio. Aplicó la sapiencia como futbolista y rodeado de talentos del nivel de Platini, Tigana y Giresse, formó una medular en la selección francesa que hizo historia y en la que precisamente cuando debutó en 1982 se enfrentó a la selección holandesa en la que despuntaba un jovencísimo Frank Rijkaard, ahora técnico del Barça, su rival en el derby barcelonés que se disputa mañana. Tras cuatro años en el banquillo del Athletic, Luis Fernández regresó a Francia, al PSG. Su vuelta a España, vía Montjuïc donde relevó a Javier Clemente, sorprendió. Y ahí anda, enfrentado a la hercúlea labor de salvar al Espanyol.
"Me gustan los jugadores como Jordi. Aportan mucho al equipo. Se le nota que es un Cruyff"
Pregunta. Siendo comprensible su deseo por volver a la Liga, cuesta entender las razones por las que aceptó hacerse cargo del colista.
Respuesta . Al Espanyol siempre le he tenido un gran respeto porque es un club con historia y tradición. Además, en París, Cristóbal y Pochettino me contagiaron de su pasión y cariño por el Espanyol. Las conversaciones con el presidente, la idea que me transmitió, acabaron por convencerme.
P. ¿Sabía dónde se metía?
R. Claro. Asumí un reto importante pero siempre he sido valiente. Por eso trabajé en el Athletic, un club condicionado por la política de cantera. No era tarea fácil aquella y se parece un poco al trabajo en el Espanyol, que también recurre mucho a los jugadores hechos en casa. La situación es diferente, claro.
P. ¿Heredó de Clemente un muerto?
R. No creo. Cogí lo que había y más que nada, noté falta de confianza en los jugadores, muchas dudas sobre su propia capacidad producto de los resultados, que han sido muy malos y dolorosos por injustos muchas veces. Pero yo veo cosas en el equipo que me permiten ser optimista.
P. Ha puesto su prestigio en juego, así que usted mismo.
R. No lo creo. Este es un toro duro, tal vez el más complicado al que me he enfrentado. Estoy lidiando un miura, pero convencido de que le cortaré las orejas. Además, no hay equipo fácil, ni siquiera el Madrid. Pregúntele a Queiroz. Todos tienen sus cosillas. Estoy donde estoy y he escogido el Espanyol, empezando por la ciudad, que me encanta, y básicamente por la calidad de su plantilla.
P. Pero no ha logrado cambiar la dinámica perdedora.
R. Desde que estoy aquí, me ha confirmado la calidad que le suponía a esta plantilla con creces, más allá de haber ganado un sólo partido. Creo absolutamente en ellos y cada partido tengo más razones para hacerlo.
P. Especialmente cree en Toni, una elección cuestionada.
R. Para mí, Toni es el portero del Espanyol desde siempre. Es un jugador veterano, comprometido y buen portero. Puedo equivocarme, pero confío en él y la elección fue hecha desde la honestidad.
P. Ha señalado a Jordi Cruyff como líder del equipo en el campo reiteradamente. ¿Qué le ha visto?
R. Jordi es un Cruyff y se le nota en los detalles de vestuario, en su manera de asumir protagonismo en el campo, de tomar decisiones en función de la lectura del partido. Hay más, como Tamudo o De la Peña, por ejemplo. Pero a mí me gustan los jugadores como Jordi, aportan mucho al equipo.
P. Hasta el momento, a usted no se le ha visto suelto en el banquillo, no ha asumido el protagonismo que tenía como entrenador en el Athletic.
R. Yo vengo a aportar, pero hay momentos en los que el equipo necesita unas cosas y otros momentos en los que necesita otras. Es momento de que los jugadores saquen lo mejor que tienen. Y creo que lo están haciendo. Tengo claro que si conseguimos llegar a los 42 puntos, será por mérito suyo. Por eso, creo que necesitan sentir que confío en ellos antes de cualquier otra cosa.
P. Recibe al Barça, un equipo con el que coqueteó no pocas veces. ¿Eso ya es historia?
R. Será lo que Dios quiera. Igual trabajo en el Barça pronto, dentro de unos años o igual nunca. Eso ya no me preocupa.
P. Le preocupa más el Barça o el árbitro?
R. Me preocupa ganar, sólo eso.
P. ¿Y Ronaldinho?
R. Cuando le tuve en el PSG íbamos a Marsella y cada año había un plan para frenarle. No lo hicieron. Es un jugador desequilibrante, al que hay que negarle líneas de pase. Su regate es poderoso y nos romperá un par de veces, pero si estamos atentos y serios, evitaremos que genere jugadas de gol.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003