Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Dos oficiales de la policía iraquí, entre los 41 detenidos por la muerte de los agentes del CNI

El mando de EE UU tiene la "fuerte convicción" de haber capturado a algunos de los autores

"Se llevaron a mis dos hijos, pollo, chocolates y seven up, pero no encontraron armas", se lamentaba ayer Afendi Arachid, de 70 años, la madre de dos de los 41 detenidos en la aldea iraquí de Latifiya, donde tropas de EE UU lanzaron el pasado miércoles una operación, denominada El Abrazo de la Pantera (Panther's Squeeze) para detener a los supuestos asesinos de los siete agentes del CNI. "Cuando mataron a los españoles, cruzaron una línea roja que mucha gente no estaba dispuesta a tolerar", explica el teniente coronel Pete Johnson, responsable de investigar la emboscada contra los espías; 600 soldados de la 82ª División Aerotransportada participaron en la operación.

La carretera que une la capital iraquí con el sur se cerró al tráfico. Desde media tarde, el pueblo estaba sin luz ni teléfono. Ninguno de sus 7.000 habitantes durmió en toda la noche.

Hasta las siete de la mañana del jueves, los soldados estadounidenses estuvieron registrando 18 viviendas. Cada vez que se acercaban a un edificio, uno de los cuatro helicópteros Kiowa que intervinieron en la operación lo iluminaba con un potente foco. Al fondo se escuchaba el tronar de los cazas F-16, preparados para intervenir si se encontraba una dura resistencia.

No resultó necesario. "La exhibición de fuerza fue tan abrumadora que no hubo que disparar un solo tiro", afirma Johnson. Sólo el supuesto cabecilla del grupo, Abu Abdula, intentó escapar corriendo, pero no costó mucho atraparle, dados sus 52 años y su prominente barriga.

En cada casa, las mujeres eran agrupadas en una habitación, según varios testigos, y los hombres encañonados en la calle. A los detenidos se les mantenía con la manos atadas a la espalda y la cabeza cubierta por una capucha. Cada baldosa que se movía era levantada y registrado cada armario separado de la pared a la búsqueda de escondrijos.

El teniente coronel estadounidense admite que el armamento hallado en los registros es poco significativo: algunos fusiles Kalashnikov y abundante munición, así como documentos que están siendo analizados. "Esta gente no guarda las armas en casa", argumenta. En los últimos días se ha descubierto en la zona un depósito oculto con explosivos, ametralladoras pesadas y lanzagranadas RPG, pero aún está por demostrar su pertenencia al grupo y su utilización en el atentado contra los agentes españoles.

Pese a la falta de pruebas concluyentes, Johnson está convencido de haber capturado a "algunos de los que mataron" a los agentes del CNI. Se basa en el testimonio de vecinos que presenciaron la emboscada y que ahora, una vez librados de las amenazas, podrían perder el miedo a declarar.

Las tropas acudieron a la aldea con una lista de sospechosos elaborada a partir de confidencias de residentes en la zona y de datos suministrados por los servicios secretos estadounidense, británico y español. En total, fueron capturadas 41 personas, todos varones de entre 20 y 60 años. Nueve de ellos serían los autores materiales del asesinato de los españoles y otros seis habrían ayudado a organizarlo.

Además de Abu Abdula, cayó su número dos, As Salat, y los encargados de inteligencia y finanzas de la célula. También está preso un médico, que habría atendido a los miembros del comando heridos, lo que explica que nunca hubiera rastro de ellos en los hospitales cercanos.

También están presos dos oficiales de la policía iraquí de Latifiya, Muzenna Ali y Salam Abdelhamid, a quienes no se acusa de participar directamente en el ataque, pero sí de colaborar con el grupo. Otros dos policías fueron arrestados en el primer momento, uno en la propia comisaría, a menos de un kilómetro del lugar de la emboscada, pero ya han sido puestos en libertad.

La lista de detenidos se completa con miembros de la Guardia Republicana, los muyahidin y la Mujabarat (servicio secreto), los tres pilares del derrocado régimen de Sadam Husein, así como siete estudiantes de una escuela coránica. "Los americanos han aprovechado el caso de los españoles para dar un castigo ejemplar y hacer limpieza en el pueblo", reconocen fuentes diplomáticas.

Los vecinos, que ayer no se habían repuesto de la sorpresa, negaban que la operación tuviera el carácter selectivo del que presumen sus responsables. Aseguraban que los estadounidenses buscaban a un tal Arkan y al encontrarse con que tres personas del pueblo compartían ese nombre optaron por arrestarlas a todas.

Afendiya Rashid, de 70 años, madre de dos de los detenidos, mostraba el candado roto de su minúsculo supermercado, en el que las tropas entraron buscando a uno de sus hijos. "De aquí no se llevaron ningún arma; sólo pollo, dulces, chocolate y Seven Up".

Ali Nasser se quejaba de que los soldados se hubieran incautado de dos coches -un Opel y un Toyota Corona- sin darles ninguna explicación, mientras Assien Efech les acusaba de haberse apropiado de 10 millones de dinares en una de las casas; una acusación, la de robar dinero o joyas, que se repite cada vez que hay una operación de este tipo.

Ningún vecino recuerda haber visto a policías iraquíes junto a los soldados estadounidenses, pero el teniente coronel Johnson insiste en que "su colaboración fue fundamental" y que "sin ella la operación no habría podido realizarse". El teniente coronel Talib, comisario de Latifiya, asegura visiblemente nervioso que se enteró de la operación cuando varios de sus hombres fueron detenidos.

Una comitiva de vecinos se acercó ayer a la base de Sant Michael, en Mahmudiya, para interesarse por sus parientes. No lograron verlos, pero, según Hussein Ali, cuyo padre se encuentra arrestado, un militar les dijo que "en una o dos semanas estarán de vuelta en casa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003