Tres viandantes murieron y otros 15 resultaron heridos ayer en la calle Alenby, en pleno centro de Tel Aviv, como consecuencia de la explosión de un artefacto colocado en un cajero automático. La operación tenía al parecer como objetivo acabar con la vida de Zeeve Ronsentein, un conocido delincuente internacional propietario de numerosos casinos ilegales, que en aquel momento pasaba por el lugar a bordo de su automóvil junto con dos guardaespaldas que, como él, resultaron heridos leves.
Ronsentein, que ha sobrevivido a otros cuatro atentados en los últimos siete años, hacía pocos días que se encontraba en libertad, después de que la policía de Tel Aviv le detuviera por su presunta participación en el intento de asesinato de tres miembros de un clan rival de malhechores, los hermanos Kakoon, de Haifa. Según información facilitada por un confidente de la policía, Ronsentein habría ofrecido a un sicario una importante cantidad de dinero y armas, entre ellos un misil Lau, para que acabara con sus rivales.
Ayer, mientras los médicos curaban sus heridas en un hospital de Tel Aviv, la policia lo interrogó en vano, tratando de identificar a los autores del atentado.
El incidente, que fue atribuido en un principio a un grupo palestino, ha puesto al descubierto con toda crudeza el deterioro del tejido social israelí desde que hace unos años empezaran a instalarse en el país las mafias de delincuentes provenientes de Rusia. El asunto ha empezado a preocupar al Gobierno, que ha anunciado ya su intención de abordar la lucha contra los clanes mafiosos, según aseguró ayer el ministro de Seguridad Interior, Tsali Hanegbi.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003