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El mulá Omar reorganiza a los talibanes y avanza en Afganistán

El jefe supremo nombra un consejo militar y edita un periódico

La Operación Avalancha, calificada por los estadounidenses como "la ofensiva más importante" llevada a cabo por Estados Unidos en Afganistán en el sur del país, tiene como objetivo "desorientar a los rebeldes antes de la Loya Jirga", la Gran Conferencia afgana que se celebrará mañana en Kabul, para "tenerlos ocupados en protegerse y en defenderse", según señaló el embajador de Estados Unidos en la capital, Zalmay Jalizad.

Washington ha pasado a la ofensiva para frenar la reactivación de los oponentes al Gobierno afgano. La operación ha empezado mal: causó la muerte de seis niños hace una semana y de otros nueve el sábado. En ella están participando 2.000 soldados estadounidenses, apoyados en fuerzas afganas y en milicias.

Entre los oponentes al Gobierno afgano, que han aumentado sus ataques en vísperas de la Loya Jirga que reunirá a 500 delegados de todo el país para finalizar la nueva Constitución, el señor de la guerra islamista Gulbuddín Hekmatyar, que ha decretado la yihad contra los estadounidenses, ha reorganizado su movimiento, Hez-e-Islami, y ha nombrado a tres responsables para organizar el reclutamiento. La mayoría de los nuevos militantes procede de los campos de refugiados de Pakistán, donde hay todavía un millón de afganos, se entrenan en centros de las regiones de Manserah y Balakot (en la provincia fronteriza del noroeste paquistaní) y reciben un salario mensual. El objetivo de Hekmatyar, un veterano de la guerra contra los soviéticos, es unir frente a Estados Unidos a otros señores de la guerra afganos, ya sean pastunes como él o de otros orígenes étnicos.

Las talibanes tampoco están inactivos, ni mucho menos. Después de haber nombrado un consejo militar de diez responsables, todos ellos antiguos ministros, gobernadores o comandantes, su jefe supremo, el mulá Omar, acaba de crear una comisión para los medios de comunicación compuesta por su antiguo portavoz, Tayab Agha (que opera bajo el nombre de Hamid Agha); del ex ministro de Información Qatratulá Jamal, del ex ministro de Educación Amir Jan Muttaqi y del antiguo director de Radio Sharia Ishak Nizami.

En Peshawar, la capital de la zona tribal paquistaní, editan un periódico, Pasoon (Rebelión), y en Quetta, el semanario Azam (Deseo), que cuenta con 40 páginas y que, en su portada, se define como "la revista de la yihad". En medio de críticas constantes contra el presidente Hamid Karzai, Azam insiste en "todas las injusticias" cometidas contra los pastunes, la etnia mayoritaria en Afganistán a la que pertenecen los talibanes, y en la "crueldad" de las fuerzas estadounidenses. Los talibanes también se han puesto en contacto con numerosos jefes tribales para que se sumen a su causa. En algunos casos han sido sobornados. Como ocurre con Hekmatyar, los talibanes apoyan su discurso en que el Gobierno de Karzai marginará a los pastunes en el futuro Afganistán.

Frente a esta ofensiva, el presidente afgano no ha desarrollado una estrategia clara, y los trágicos errores de los estadounidenses sólo consiguen que aumente el apoyo de la población hacia los rebeldes.

© Le Monde / EL PAÍS

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003