Felipe Juaristi (Azkoitia, 1957), Premio Euskadi de Poesía en 1998 y de Literatura Infantil Juvenil en 2000, suele decir que lo suyo es la poesía, pero en los últimos tiempos ha vivido más volcado en la narrativa. Hace tres semanas presentó Airezko emakumeak (Erein), una novela para adultos sobre la libertad y la historia de la música. Y ayer reapareció con una propuesta para los jóvenes de más de 12 años: Basalimoien Usaina (Elkar). "Es la historia de una nostalgia, la nostalgia de una pérdida", explicó Juaristi en San Sebastián.
El libro, ilustrado por Javier Erostarbe, trata un tema de actualidad: el sufrimiento de un niño, Mikel, por la separación de sus progenitores. Su padre les ha abandonado a él y a su madre para irse a Atenas con otra mujer. Y se siente solo y desprotegido. "Tiene nostalgia de su padre" y ni siquiera puede apoyarse en su madre -a la que culpa de todo-, porque "está en trance, con depresión". Sólo le queda, su ángel de la guarda.
Juaristi introduce así en la narración un segundo elemento de nostalgia, pero de corte mucho más personal, según reconoció ayer. "Hace años me caí de una altura de cinco metros y no me pasó nada", relató. Con el tiempo tuvo otros dos graves accidentes sin ninguna consecuencia. "Yo ya he matado tres ángeles de la guarda", ironizó. Y desde entonces, le ha rondado la idea de plasmar esta fantasía en un libro.
Su hija, juez habitual de sus obras juveniles, ha seguido con naturalidad la realidad de Mikel ante la separación de sus padres, "pero le ha sorprendido lo del ángel de la guarda", señaló el escritor. "Hoy no se aprende eso en las escuelas. El ángel de la guarda es una fantasía como puede ser hoy Superman, Spiderman o Matrix. Nosotros éramos mucho más naturales", bromeó.
Juaristi desgranó el contenido de su libro en un acto en el que Jesús Mari Olaizola, Txiliku, presentó otra publicación para jóvenes: Osaba Bin Floren, una aproximación a las tradiciones de Oriente. El hilo conductor es Florentino, que comienza a relatar cuentos de esas latitudes desde el día que un médico le venda la cabeza.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003