La separación de la Iglesia y del Estado ya no basta: veinte asesores del presidente francés, Jacques Chirac, recomendaron ayer que se prohíban "vestimentas y signos que manifiesten una pertenencia religiosa o política" en todos los centros públicos de enseñanza primaria y secundaria de Francia. Velos islámicos, kippas (distintivo judío) y "grandes cruces" quedarán proscritos en la enseñanza pública, pero se reconoce a los centros confesionales -en general, concertados con el Estado- el derecho de hacer lo que quieran. El tono prohibicionista se compensa con gestos como proponer que sea festivo para todos los centros públicos las principales celebraciones judía y musulmana.
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Actualmente hay 12,5 millones de alumnos en la enseñanza primaria y secundaria, y en lo que va de curso se ha expulsado a tres chicas por llevar el velo islámico y otras tres han sido retiradas del colegio por sus familias. No es difícil pensar en que haya 4.000 o 5.000 alumnas afectadas por la ley en potencia, tanto por llevar el velo como por negarse a hacer gimnasia o deportes. ¿Quién educará a las que sean expulsadas? El principal sindicato de profesores ha manifestado su alarma por las exclusiones que se avecinan, en el supuesto de que las medidas propuestas se transformen en ley.
Pero el comité presidencial propone regular otras muchas situaciones de la vida cotidiana. Los cinco millones de funcionarios y demás agentes públicos habrán de observar un "respeto estricto del principio de neutralidad". A su vez, el comité desciende a detalles como éstos:
- Signos discretos. En las mismas escuelas donde se prohíben los signos religiosos "visibles" se autorizan los que puedan llevarse de manera "discreta", desde medallas cristianas o estrellas de David a ediciones pequeñas del Corán. La clave es que sean pequeños y no se vean mucho.
- Hospitales. Se prohíbe recusar al personal sanitario. Con esta medida se pretende cortar la tendencia de las mujeres musulmanas a exigir que les traten sólo doctoras y enfermeras, una discriminación que desorganiza aún más algunos servicios hospitalarios.
- Empresas. La ley permitirá a los empresarios reglamentar la vestimenta de los empleados, sobre todo de los que permanezcan en contacto con los clientes. (Ya se ha dado el caso de una trabajadora despedida por llevar el velo islámico cuando pasó a estar en contacto con el público, después de haberle tolerado esa prenda mientras permanecía en el interior de una cabina de teleasistencia).
- Universidades. No les afecta la prohibición general de signos religiosos "visibles", pero se invita a sus presidentes a promulgar reglamentos que prohíban la recusación de profesores "en función del sexo o de la religión que se les presume". La comisión sale así al paso de alumnos que rechazan examinarse con profesores del otro sexo.
- Nuevas fiestas. La comisión propone equiparar la principal festividad judía, el Yom Kippur, y la celebración musulmana del Aïd-el-Kebir a la Navidad cristiana, convirtiendo aquéllas en festivas en todos los centros públicos de enseñanza. Las fiestas musulmana y judía lo serán a efectos escolares, aunque los expertos señalan que las empresas habrán de permitir "un día de fiesta religiosa" a sus empleados.
La acumulación de nuevas festividades, como precio de la paz religiosa, resulta contradictoria con la decisión del Gobierno de suprimir la fiesta del lunes de Pentecostés para todos los funcionarios públicos (con obligación de suprimir también esa fiesta u otra en las empresas privadas), a fin de financiar las ayudas a la vejez.
Las autoridades religiosas de Francia acogen con reservas el conjunto de iniciativas, pero nadie se ha lanzado a un ataque frontal. El episcopado aplaza un pronunciamiento hasta estudiarlas "a fondo"; el gran rabino de Francia, Joseph Sitruk, anuncia que no lo combatirá, y el presidente del Consejo del Culto Musulmán, Dalil Boubakeur, confía en que la aplicación de la futura ley no sea "brutal".
Esta acogida, ni entusiasta ni hostil, tiene que ver con el equilibrio y voluntad de compromiso de la comisión de expertos, presidida por el mediador de la República, Bernard Stasi, y de la que han formado parte el filósofo Régis Debray, el sociólogo Alain Touraine, el islamólogo Mohammed Arkoun, el politólogo Gilles Kepel, el historiador católico René Rémond, el investigador Patrick Weil o la mediadora de la Educación Nacional Hanifa Cherifi. Puesto a decidir que se legisle sobre el laicismo, Chirac prefirió asegurarse de que el dictamen "técnico" iba a ser suficientemente plural y respetable.
Integración y extremismo
Después de interrogar a 120 personas, muchas de ellas a puerta cerrada, los asesores de Chirac destacan múltiples comportamientos indeseables y señalan sus causas: las "dificultades de integración" de las minorías, las "condiciones de vida en los suburbios", las discriminaciones practicadas en la contratación laboral o la acción de "grupos extremistas" que prueban "la resistencia de la República". ¿Bastará una ley para quebrar los guetos, devolver a las mujeres oprimidas el estatuto de ciudadanas o poner fin a los síntomas de antisemitismo?
En todo caso, el debate está lanzado y en el seno de los partidos políticos se ha impuesto la idea de regular el laicismo. A la cabeza de tal iniciativa se encuentra el Partido Socialista, en la oposición, que lleva meses reclamando la prohibición de los signos religiosos y políticos en la escuela. No fue éste el punto de partida con el que comenzaron los trabajos de la comisión de expertos nombrada por Chirac; ni siquiera fue la posición expresada por varios ministros.
Por ejemplo, el titular de Educación, Luc Ferry, dijo expresamente a la comisión que no veía la urgencia de legislar contra el velo islámico por "una docena de contenciosos al año". Su colega de Interior, Nicolas Sarkozy, ha resaltado la desproporción entre el número de chicas que usan el velo en la escuela -1.256, según un informe policial reciente- y la idea de excluir radicalmente cualquier atisbo de signo religioso. Su argumento de que el extremismo legislativo podía llevar a prohibir "la medalla de la comunión" ha sido escuchado: nadie será molestado por llevarla, si lo hace discretamente, a tenor del informe difundido ayer.
La patata caliente está ahora en las manos del jefe del Estado, Jacques Chirac, que se tomará unos días antes de pronunciarse respecto a este informe. Era imposible hacerlo en seguida, enfangado todo este fin de semana en las discusiones de la Constitución Europea, pero el plazo le permite medir bien las reacciones. Lo hará el próximo miércoles, día 17. "Mi posición estará guiada por el respeto de los principios republicanos y la exigencia de unidad nacional", anticipó ayer. Además de este informe, el jefe del Estado dispone también de las conclusiones de una comisión informativa de la Asamblea Nacional que recomienda la prohibición de signos religiosos o políticos en la escuela.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2003