Los nacionalistas suelen afirmar que los vascos hemos estado oprimidos por los castellanos. Los cancilleres, consejeros, ministros, presidentes del Gobierno, almirantes, capitanes generales y virreyes vascos se cuentan por cientos a lo largo de los siglos. De tener que considerar algo a los vascos, en todo caso han sido ciudadanos privilegiados. Con los Habsburgo, por ejemplo, los vascos constituyeron una casta burocrática y gubernamental privilegiada, y legitimaban esa situación presumiendo de ser más españoles que nadie, de ser los españoles originarios y arquetípicos, de pura e impoluta sangre.
¿Hará falta recordar a tantos y tantos vascos ilustres en la historia de España, como Diego López de Haro (el Señor de Vizcaya, vanguardia del ejército castellano en Las Navas de Tolosa), Pedro López de Ayala (el Canciller de Castilla), Elcano (el marino de Guetaria que dio a España el honor de dar la primera vuelta al mundo), Legazpi (el marino de Zumárraga, conquistador de Filipinas), Urdaneta, Ignacio de Loyola, los Oquendo (la estirpe de marinos donostiarras que se distinguió en tantas batallas en los siglos XVI y XVII), Blas de Lezo (el almirante de Pasajes, vencedor de los ingleses en Cartagena de Indias, aquél que amenazó con reducir Génova a cenizas si los genoveses no le pagaban lo adeudado a la Corona y no saludaban debidamente a la bandera de España), Churruca (el marino de Motrico, héroe de Trafalgar), Arriaga (el malogrado Mozart español), Zumalacárregui (el general carlista que manifestaba su pesar por que se hubiesen armado "españoles contra españoles"), Unamuno, Maeztu, Baroja (los tres grandes enemigos del nacionalismo vasco), Zuloaga o Zubiri?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de diciembre de 2003