En España no hay día sin que se manifieste el desprecio del Gobierno del PP hacia los luchadores antifranquistas, a los fusilados, encarcelados o exiliados por defender la legalidad republicana y la democracia. En Cataluña, hasta hoy por lo menos, eso también pasaba, pero a la catalana, más suave, casi imperceptible. En la sesión de constitución del nuevo Parlament, el 5 de diciembre, la presidenta de la mesa, Carme-Laura Gil, de CiU, glosó históricamente la Generalitat de Cataluña y pasó de la evocación del presidente Companys al restablecimiento de la Generalitat de 1980. Silenció vergonzosamente la instauración de la institución en 1977 de la mano de Tarradellas, que en aquellos momentos encarnó la unidad y la voluntad de todo el pueblo de Cataluña.
El presidente exiliado hizo posible la restauración inmediata de la Generalitat con el logro de la derogación del decreto franquista de 1938 que la había abolido y con ello, como ha escrito Raimon Obiols, "se producía una recuperación institucional que unía la nueva democracia salida de las urnas el 15 de junio de 1977, con la democracia republicana y las instituciones nacionales de autogobierno anteriores a la Guerra Civil".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de diciembre de 2003