El pintor Javier Riaño (Bilbao, 1959), director del centro Bilbao arte desde su apertura en 1998, inaugura el próximo miércoles en la galería bilbaína Juan Manuel Lumbreras (Henao, 3) una colección de pinturas recientes con la que cierra un período de cinco años sin exponer y rompe con su pasado de paisajes, arquitecturas y figuras. Son lienzos trabajados sin utilizar los pinceles, en los que sugiere con manchas de pintura la forma de las rocas.
Riaño buscaba un nuevo camino y lo encontró dibujando al natural en la rocosa costa de Armintza (Vizcaya) y descubriendo texturas desconocidas al pintar unas formas más abstractas que los bocetos por el revés de los lienzos, sobre la tela sin preparar. Una serie de pinturas sobre esas telas vírgenes, en un formato cuadrado de un metro de lado y utilizando sólo el negro, formarán en la galería un gran panel. En el resto de la exposición aparecerá el color para mostrar composiciones en las que se suceden más piedras y rocas desnudas, sin conexión alguna con los paisajes de parques y las arquitecturas que pintaba hasta ahora.
"Soy pintor, no ninguna otra cosa", afirma. "Creo que se está abusando de la palabra artista. Yo ni siquiera se qué significa ser artista. ¿Se trata de vivir de la pintura?"
Riaño explica que no hay ni una pincelada en toda la exposición que recoge su obra más reciente. "He trabajado llevando la pintura al lienzo con esponja, con trapos o pintando directamente de la barra de color", explica. "Otros artistas lo han hecho, pero para mí ha sido un descubrimiento pintar así".
Antes cuidaba cada detalle del cuadro y trabajaba lentamente, con minuciosidad. Ahora se deja llevar por la sensación de plasmar el color en grandes manchas, que sugieren fragmentos de un paisaje rocoso o los cantos rodados a la orilla de un río. "Ha sido como quitarme el peso de la pintura figurativa y ha resultado que me gusta muchísimo. He disfrutado con estos cuadros más que en toda mi vida", indica.
Riaño sigue pintando para disfrutar manchándose las manos en su estudio cuando acaba la jornada de trabajo en la dirección de Bilbao arte, pero ha abandonado el grabado, al que tanto esfuerzo dedicó en el pasado. "Pintar estos cuadros es una liberación, pero el grabado lo tengo aparcado; hay que pensarlo mucho, es un proceso muy elaborado, que requiere algo que no estoy dispuesto a darle: el tiempo", reconoce.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de diciembre de 2003