He seguido con sumo interés los debates en torno al Estado de bienestar en Cataluña, los furibundos ataques recibidos por Vicenç Navarro y las brillantes réplicas aportadas por este insigne profesor. Como trabajador de la sanidad pública pienso que a los datos estadísticos que se barajan se han de añadir las percepciones de trabajadores y usuarios de los sistemas públicos, para acabar de pintar el cuadro de la decadencia de nuestro Estado de bienestar durante la Administración autonómica saliente: en franca demolición, aun antes de haberse terminado de construir su estructura.
Por otra parte, debemos reclamar la efectividad inmediata de los 500 puntos programáticos firmados en el tripartito. No pensemos que hasta ahora las políticas sociales y sanitarias de los firmantes del nuevo pacto han sido ejemplares: examinen el caso de Barcelona, en el que ha venido funcionando un pacto de gobierno entre esos mismos partidos. ¿Qué resultados pueden presentar al respecto? Y, por ser cuestión que me afecta, propongo, como primer ejercicio, analizar el caso del barrio de Can Tunis, para que empecemos los análisis de esta nueva etapa desde una perspectiva también rigurosa y desprovista de triunfalismo apriorístico.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de diciembre de 2003