De vuelta a casa, el Barça se reencontró con su portería agujereada y la contraria tapiada. Le falló el pulso en las áreas para desequilibrar un partido por el que peleó sin desmayo pese a que estaba escrito que no lo ganaría jamás. El rival fue tan poca cosa que agrandó la frustración azulgrana en una noche muy perra, por el juego, que fue escaso; por el árbitro, una calamidad; por las lesiones, muchas y serias, y por el tiempo, pues ayer hacía un frío que pelaba en Barcelona. Hasta los goles apestaron, especialmente el de Jesuli, que se aprovechó de una pifia sobrecogedora de Rüstü en su estreno en el estadio. Falto de calidad y también de jerarquía, no pudo el equipo azulgrana sobreponerse a tanta fatalidad y se retiró compungido, maldiciendo su mala estrella, una escena, por otra parte, ya vista ante muchos otros contrarios.
BARCELONA 1 - CELTA 1
Barcelona: Rüstü; Reiziger (Óscar López, m. 45), Puyol, Andersson, Van Bronckhorst (Saviola, m.62); Xavi, Cocu, Ronaldinho; Gabri (Luis García, m.30), Kluivert y Overmars.
Celta: Cavallero; Ángel, Berizzo, Cáceres, Contreras, Sylvinho (Juanfran, m.37; Manolo, m.54); Luccin; Jesuli, José Ignacio, Gustavo López (Giovanella, m. 64); y Milosevic.
Goles: 0-1. M. 16. Puyol retrasa para Rüstü, que falla en el control, Milosevic le arrebata la pelota y Jesuli marca a puerta vacía.
1-1. M. 69. Overmars saca un córner, Kluivert toca de cabeza, el balón da en Ángel y Cocu remacha a la rez.
Árbitro: Ramírez Domínguez. Andaluz. Mostró la tarjeta amarilla a Ronaldinho, Van Bronckhorst, Gustavo López, Milosevic, Berizzo y Manolo.
Camp Nou: 47.800 espectadores. Gabri, Reiziger, Puyol, Juanfran y Sylvinho se lesionaron.
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Al Barça le incomoda jugar en el Camp Nou porque le cuesta llevar la iniciativa, tanto por la comodidad con la que se presenta el rival -hasta 17 puntos le han descontado al equipo azulgrana en su estadio- como por la frialdad de la hinchada, que con el tiempo ha ido tocando a retirada y no calienta ni a la de tres. Destemplados y sin tensión competitiva, los barcelonistas se exponen a cualquier contrariedad a las primeras de cambio. Berizzo tuvo una pelota de gol a la salida de un libre directo nada más comenzar y, acto seguido, un mal control de Rüstü en una cesión de Puyol habilitó a Milosevic, cuya presión permitió a Jesuli rematar a portería vacía.
Distraído defensivamente, al Barça le fallaba la puntería en ataque. Pese a que el partido no tenía ritmo y el cuero viajaba de pie a pie, siempre con ventaja para los zagueros, el Celta concedía las suficientes ocasiones como para alimentar la esperanza azulgrana en el remonte. Al Barcelona le faltaba sólo acabar las jugadas, que, aunque pocas, parecían suficientes. Gabri progresaba reiteradamente por el flanco derecho, Xavi metió un par de pases interiores que demandaban un mejor final y entre Ronaldinho y Kluivert armaron el jaleo suficiente para marcar. Los dos batieron a Cavallero, pero sus goles no contaron: el del brasileño fue anulado por falta al meta y sancionado con tarjeta amarilla por impedir el saque de portería y el del ariete no fue concedido porque al árbitro no le dio la gana. El colegiado se inventó una falta de Andersson a la salida de un saque de esquina y no dio validez al remate del delantero holandés.
Entre unas cosas y otras, el Barcelona alcanzó el descanso renegando, maldiciéndose por su desdicha, por la mala pinta que tenía la noche con aquel árbitro en el campo, el error de Rüstü en el gol, la lesión de Gabri en el peor momento y el desquiciamiento general cada vez que se trataba de apuntar a la portería rival. El juego, por lo demás, tampoco aventuraba nada bueno. A la falta de velocidad y desmarque, defectos ya repetidos en el equipo, se añadía la impaciencia y, consecuentemente, la imprecisión en el manejo del balón en las acciones más simples.
El Celta se cruzó más o menos de brazos y aguardó a que pasara el tiempo, confiado tanto en la incapacidad azulgrana para meter un gol como convencido de que podía pillar el segundo en cualquier contragolpe o jugada de estrategia. Frente a la mayor determinación que puso el Barcelona en la reanudación, los gallegos trampearon la contienda como pudieron, víctimas igualmente de las lesiones, pues Lotina se quedó sin sus dos laterales zurdos en menos de una hora. Mal negocio enfrentar a un equipo del oficio del Celta, muy trabajado tácticamente y con futbolistas expertos, empezando por Cavallero, un portero que saca igual las manos que las piernas. A Ronaldinho le costó más que en cualquier otro partido entrar en juego, y a Rijkaard no le quedó otro remedio que rendirse a Saviola, para que le sacara las castañas del fuego a cambio de perder cualquier simetría en el campo.
Desde la perseverancia y el coraje, con Xavi espléndido, el Barcelona atrapó al menos el empate en un córner, una suerte que últimamente le viene dando buenos resultados. Ataca el equipo como si fuera una manada de búfalos y el gol acaba por caer. El de ayer llegó a tiempo para darle emoción al último tramo del partido. Lastimado Puyol, que aguantó el partido con un brazo lesionado, y con Ronaldinho todavía fuera de forma, el equipo de Rijkaard combatió sin parar hasta que el árbitro dijo basta, después de haberle negado un gol y un penalti. No tuvo suerte el Barça con el árbitro ni encontró la recompensa que mereció por su ejercicio de voluntarismo. Puede que le faltara gasolina y más tino en el recorrido. Incluso le sobró algún jugador, aunque quien anunció que regresa a su país es Andersson, al que Rijkaard dejó despedir como titular. Hechas las sumas y las restas, en cualquier caso, el saldo le daba el triunfo tanto por lo que hizo como por lo que no hizo el Celta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de diciembre de 2003