En estos días festivos las salas de conciertos y los templos se abren con generosidad a los grandes oratorios de Haendel, a las misas de Mozart o Haydn, al mensaje schilleriano de amistad y fraternidad sumamente elevado a la perennidad por Beethoven en la Novena sinfonía y, pasadas unas pocas fechas, tendremos polcas, marchas y demás de la familia Strauss. Este año, en Madrid, ya llevamos tres audiciones de El Mesías haendeliano, y, en su concierto del último viernes, Rafael Frühbeck, director emérito de la ONE, nos ha traído la hermosa Misa in tempore belli, en do mayor de Haydn, escrita y estrenada en Viena en diciembre de 1796. Como en otras misas de su autor, lo religioso aparece con extraordinaria naturalidad y, como escribe Guido Pannain, más que la lírica del sentimiento ferviente y piadoso nos da la visión de un corazón proyectado sobre la humanidad. De ahí los tonos serenos -más que severos-, cordiales y sólo accidentalmente alusivos al "tiempo bélico". Toda la obra nos depara continuas sorpresas de belleza, originalidad y moderación a la hora de hacer luces y sombras en las voces y en la orquesta, en los conjuntos y los solos, que encontraron feliz y auténtica interpretación en las voces del cuarteto: la soprano americana Alexandra Coku, de elegante y fresca entonación; la mezzo cubana Ana Häsler, de medios hermosos y tan inteligente como para abordar Haydn o Rossini, Mozart, Wagner, Schönberg o Halffter; el tenor tinerfeño Agustín Prunell-Friend, amante del barroco, el clasicismo, Berlioz, Fauré y los británicos, desde Purcell a Tippet, y el bajo de la Deutsche Oper, brillante y poderoso Sarastro en La flauta o Rocco en Fi delio.
Orquesta y Coro Nacionales
Directores: Frühbeck de Burgos y L. Ramos. Solistas: A. Coku, soprano; A. Häsler, mezzo; A. Prunell-Friend, tenor y R. Hagen, bajo. Auditorio Nacional. Madrid, 19, 20 y 21 de diciembre.
Frühbeck de Burgos hizo sonar a la ONE con la densidad de los viejos maestros y sumó coro y orquesta en unidad intencional y efectiva, así como a través de un espíritu y una estructuración de marcado talante sinfónico como corresponde a la práctica haydniana. Contó con la precisa y asimiladora colaboración del Coro Nacional que dirige Lorenzo Ramos, hijo de López Cobos. No fueron menores los aciertos globales y de detalle en la Sinfonía Haffner, de 1782, cuando un Mozart de 26 años ingresa en la madurez final de su pensamiento y su técnica. Ya en esta obra y progresivamente en las que le sucedieron, Wolfgang Amadeus, al contrario que Haydn, parte de su sensibilidad y talante operísticos al tratar la música instrumental. Gran éxito, lleno en el Auditorio y recepción entusiasta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de diciembre de 2003