El primer acto público de denuncia del Fòrum anunciado como tal dejó pequeña ayer por la tarde la sala de actos del Ateneo Barcelonés. La convocatoria por parte del Col.lectiu Ariadna Pi, del Instituto Catalán de Antropología -encabezado por Manuel Delegado, que ya cargó contra el Fòrum durante el Congreso de Antropología que se celebró en 2002-, de la mesa redonda Fòrum 2004: la gran impostura congregó a unas 600 personas, sumando el aforo de la sala y las personas que ni siquiera pudieron entrar en el edificio de la calle de Canuda.
En síntesis, se calificó el evento de "excusa" para llevar a cabo una "maniobra especulativa", se denunciaron las actividades empresariales de las multinacionales patrocinadoras y se criticó duramente a las administraciones públicas por fomentar valores como la multiculturalidad, por ejemplo, cuando tienen sobre la mesa los problemas derivados de la Ley de Extranjería.
"Hay miles de personas para las que Barcelona no es una ciudad libre", afirmó Delgado, quien acusó a las administraciones de "erigirse en defensoras de derechos que están pisoteando cada día". El antropólogo calificó el evento de "descaradamente insultante". "Cualquier crítica a cualquiera de los aspectos del Fòrum es tan obvia que hasta da pereza pensar por dónde empezar", espetó.
El historiador Bernat Muniesa cuestionó el contenido del Fòrum y se mostró escéptico sobre "la capacidad de autocrítica de la cultura occidental respecto a su relación con el resto de las culturas". Muniesa recordó que algunos "intelectuales y voces críticas" han renunciado a participar en el evento y vaticinó que "se acabará convirtiendo en un carnaval".
El filósofo Santiago López Petit afirmó que el Fòrum "será un supermercado de valores para vender mejor la marca Barcelona según la lógica que impone el capital" y llegó a afirmar que el discurso del evento se ha "vestido con el lenguaje del no poder para ejercer mejor el poder".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de enero de 2004