Hace años, en una visita que realizaste al Palau de la Generalitat en la que mantuviste una entrevista con el anterior presidente Jordi Pujol (precisamente para exponerle la necesidad de intentar mediar en el grave conflicto de Euskadi) me acerqué a ti para felicitarte por tu reciente nombramiento como secretario general del PSOE.
Más adelante, durante la crisis de las elecciones de Madrid, me quedé bastante decepcionado de que no tomases medida alguna contra los responsables de tu partido en la gestación de aquel desaguisado político.
Pero tu última decisión de implicarte directamente en la política de la Generalitat para forzar al presidente Maragall a tomar la decisión de destituir a Carod Rovira (una decisión que tú en su momento no fuiste capaz de afrontar por temas de mucha más gravedad), sólo por tratar de ser más españolista que el PP, o por temor a enfrentarte a la derecha con un verdadero programa de izquierdas que ilusione de nuevo a la mayoría de los ciudadanos del Estado me ha dejado aún más perplejo.
Todo ello sin justificar la actuación ni mucho menos de Carod Rovira, quien lo único que hizo fue algo que tendríais que estar haciendo desde Madrid: conseguir de una vez la paz.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004