El viernes día 20 de noviembre se clausuró en Orihuela el "Taller de Empleo" de la Fundación Cultural Miguel Hernández (valgan las comillas esta vez para ironizar). Hace un año, un grupo de 30 personas, en su gran mayoría licenciados y diplomados, comenzábamos nuestra andadura como integrantes de este taller, cargados de ilusiones y muchas ganas de trabajar. Nuestro siguiente lunes ya no iba a ser otro lunes al sol. El futuro se presentaba, dada la finalidad del proyecto, mucho más alentador para estos jóvenes titulados, hartos de buscar empleo (cabe mencionar aquí, además, que se trataba de un taller de inserción profesional). Pero la palabra se hizo hombre, y se materializó en una realidad nada más ajena ya no sólo a nuestras ilusiones y expectativas, sino a la mismísima finalidad del proyecto. Nuestro gozo en un pozo: la formación, los medios, la competencia de la dirección y de sus formadores, brillaban por su ausencia; la falta de respeto, el desprestigio personal, la crítica destructiva, el chantaje emocional, los abusos psicológicos, por su esplendorosa presencia. Con nuestras quejas escuchadas en vano y el calificativo de moscas cojoneras, hemos pasado a engordar las listas de desempleados y nuestros curriculums, esta vez con un título expedido por el Servef, a convalidar en el futuro por un certificado de profesionalidad que, parece ser, se han sacado de la manga para servir a esta Fundación. Talleres de Empleo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004