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Tribuna:

Huir hacia delante

Según los últimos datos publicados por la Dirección General de Comercio de Valencia, de enero a octubre de 2003, las industrias tradicionales radicadas en la Comunidad Valenciana han visto descender sensiblemente sus exportaciones. Así, la industria del juguete vendió un 15% menos al exterior y el textil un 13%; mientras que el calzado redujo sus ventas en un 8,5%; la cerámica en un 7,6%; la madera en un 6,5%; y, el mueble en un 4,1%.

Estas calamitosas cifras confirman el diagnóstico sobre los sectores industriales de nuestra comunidad, que la UGT-PV entregó al consejero de Economía, Gerardo Camps, el pasado mes de septiembre. Como allí explicábamos, asistimos a una serie de cambios irremediables, pues son a escala planetaria, que afectan a nuestro sistema productivo con una implicación inevitable en las estructuras de empleo y de organización de las relaciones laborales.

Ante una tesitura como la que se nos viene encima, se puede actuar de diversas maneras, incluso se podría no actuar, dejando la nave al pairo como un capitán inexperto hasta que el temporal amaine, o, lo que sería más temerario se podría intentar huir hacia delante sin planes, sin objetivos, sin norte, aportando soluciones parciales a un problema global.

La UGT-PV ha apostado y apuesta por una acción concertada entre todos los implicados, es decir, las organizaciones empresariales de los distintos sectores, los sindicatos representativos y el Gobierno de la Generalitat que de ninguna manera puede intentar trasladar la responsabilidad que, en estos momentos, recae sobre él.

Desde el compromiso que nos caracteriza, la UGT-PV ha trasladado sus propuestas, por activa y por pasiva, allí donde debía, pero a tenor de las respuestas recibidas, no podemos decir que todos son conscientes de la magnitud del reto de adaptar nuestra estructura productiva al futuro próximo.

El tejido industrial valenciano muestra unas características que reflejan su vulnerabilidad: se trata de una estructura productiva conformada en su mayor parte por pequeñas y medianas empresas, con sectores de demanda débil, intensivos en mano de obra, que producen bienes de consumo duradero, y, con una gran apertura al exterior, por lo que se ve más afectada ante situaciones de crisis económica y descenso de la demanda.

A lo largo de los últimos años, el sector industrial ha ido perdiendo peso sobre el total de la actividad económica en detrimento del sector servicios. Si en 1998, los ocupados en el sector industrial representaban el 28,7% sobre el total, en la actualidad este porcentaje se sitúa en el 24%.

Por otra parte, se da una fuerte concentración geográfica, en los llamados distritos industriales, lo que origina que las crisis sectoriales devengan en crisis comarcales, sin olvidar la escasa inversión en investigación y desarrollo, imagen de marca o diseño. El INE advertía hace pocas fechas que el gasto de la Comunidad Valenciana en I+D en 2002 fue del 0,81% en relación del PIB, mientras la media española se situó en un mísero 1,03%, lo que, junto a un elevado nivel de endeudamiento y escasez de fondos propios, estrangula financieramente el futuro económico de las empresas valencianas.

Finalmente, hemos de lamentar el inmovilismo de ciertos empresarios, para quienes prima la visión a corto plazo, el enriquecimiento rápido por encima de la previsión y la planificación de proyectos. Empresarios que, desde un individualismo mal concebido, recelan de la cooperación con otras empresas o de una mayor participación de los trabajadores en las decisiones estratégicas de las empresas.

En fechas próximas ha de firmarse un acuerdo entre Gobierno Valenciano, patronal y sindicatos, que complementará el alcanzado en noviembre para toda España, con el fin de ayudar a las empresas del textil a prepararse para la próxima supresión arancelaria de 2005. Para la UGT-PV nos encontramos ante un buen referente, ya que se trata de un acuerdo alcanzado con el consenso de todas las partes.

Claro que quizá cuando llegue la primavera comienzan a surgir soluciones partidistas que no recojan la semilla plantada. Por nuestra parte, la UGT-PV sabe que cualquier solución óptima debe partir desde un diálogo sincero entre los implicados, creando observatorios en los sectores industriales, con una dotación que garantice su funcionamiento, lo que eliminará la posibilidad de que cada uno haga de su capa un sayo, e intente huir hacia delante, eso sí, con grandes probabilidades de tropezar y, lo que es peor, arrastrando a los demás.

Rafael Recuenco Montero es Secretario General de la UGT-PV.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004