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Reportaje:VELA | La Copa del América de Valencia 2007

Un fracaso multimillonario

Dean Barker, patrón del 'New Zealand', que fue arrasado por el 'Alinghi' el año pasado, explica cómo se prepara para la revancha

Marzo de 2003, aguas de Auckland (Nueva Zelanda). En su propio país y ante la mirada de la nutrida y ferviente afición neozelandesa, el joven Dean Barker (Auckland, 18 de abril de 1973), patrón del New Zealand, tiene la responsabilidad de defender, frente al poderoso barco suizo Alinghi, la preciada jarra de plata, el trofeo que obtiene el ganador de la Copa del América, la regata más antigua y multimillonaria del mundo. Barker fracasa con estrépito: pierde todas las mangas ante el velero helvético, patroneado por el también neozelandés Russell Coutts, el rey de la modalidad match-race (barco contra barco), ganador de las tres últimas ediciones, y también el maestro de Barker, quien en 2000, con 26 años, se convirtió en el timonel más joven en ganar una manga de la Copa del América.

Barker visitó por primera vez Valencia, sede de la competición en 2007, la pasada semana. Acompañado de su novia, Mandy, una jugadora de hockey sobre hierba que fue olímpica en Barcelona 92 y Sidney 2000, recorrió la ciudad en busca de piso. "¿Cuál es la mejor zona?", preguntó al periodista. Según sus planes, en abril estará ya instalado en España junto al resto de su tripulación para preparar la siguiente edición, en la que el barco neozelandés competirá con el resto de los candidatos a disputarle el trofeo al Alinghi.

"En Valencia", afirma Barker, "seremos uno más de los aspirantes. No tendremos la presión de defender la Copa, como ocurrió en Auckland el año pasado, donde fue muy duro perder ante el Alinghi. Habíamos puesto casi tanto o más esfuerzo que en 2000, pero tuvimos muchos problemas técnicos. Y muy mala suerte. En todo caso, Russell es un durísimo navegante, muy competitivo. Junto a él aprendí y me curtí".

Barker fue el alumno aventajado de Coutts, a quien fichó tras la edición de 2000 el magnate suizo Ernesto Bertarelli para hacer campeón al Alinghi, un multimillonario proyecto que contaba con dos tercios de la tripulación del New Zealand, barco que ganó las ediciones de 1995 y 2000, en San Diego (Eestados Unidos) y Auckland, respectivamente.

"Para mí", considera Barker, "Russell es el mejor navegante de la historia. Es el que mejor soluciones escoge durante las regatas, el más rápido a la hora de tomar decisiones. Y eso, en la Copa del América, es fundamental". El joven patrón neozelandés pudo irse con Coutts al Alinghi, pero rechazó la oferta: "Decidí que era mucho más emotivo defender a mi país, sentir el respaldo de tu gente. Es mucho más satisfactorio que hacerlo para otra nación. Nueva Zelanda es un país pequeño donde el orgullo nacional pasa muchas veces por ganar o perder en el deporte".

Cuando Coutts, de 41 años, aceptó la oferta suiza, en Nueva Zelanda, con apenas cuatro millones de habitantes, se desató una tremenda campaña que recibió el nombre de Black heart [Corazón negro, en inglés]. Coutts fue acusado de traidor y amenazado de muerte. Algunos medios de comunicación arremetieron contra él y le llamaron mercenario. "Aquello fue desproporcionado, denigrante y avergonzante para los neozelandeses", confiesa Barker.

El éxito de los navegantes neozelandeses tiene una sencilla explicación para el joven timonel del New Zealand: "Quizá sea porque estamos rodeados de agua. En Nueva Zelanda tienen mucha tradición los deportes acuáticos, como la navegación o el remo. Por eso creo que hay grandes navegantes en mi país, especialmente desde hace 30 o 40 años. Además, somos gente emprendedora y competitiva. Estamos tan lejos de todo, que nuestra manera de reivindicarnos es a través del deporte. Nos gusta marcarnos retos".

Barker opina que el poderío económico del Alinghi puede tener un efecto disuasorio en otros proyectos: "Resulta un tanto desalentador ver que ellos lo tienen tan fácil. Pero no sólo el Alinghi, sino también el Oracle, norteamericano. Mientras ellos pueden centrarse únicamente en los entrenamientos, nosotros y los restantes debemos buscar fuentes de financiación. Pero, bueno, el dinero no mueve el mundo, como piensan los americanos. Ni garantiza la victoria. Auque es cierto que ahorra mucho tiempo".

La intensa rivalidad entre neozelandeses y norteamericanos queda patente cuando Barker comenta el fichaje del diseñador Marcelino Botín por el New Zealand: "El hecho de que sea español y conozca las condiciones climatológicas de Valencia puede ser muy beneficioso. Ha aportado interesantes ideas. ¡Y nunca ha trabajado con los americanos!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004