A pesar de que hay una tendencia a hacer de los marroquíes el prototipo de los inmigrantes, otros extranjeros son tan numerosos y notorios y tienen lengua, religión y costumbres tan distintas o más que ellos, explica en la revista Economistas el catedrático de Sociología, Opinión Pública y Cultura de Masas de la Universidad Complutense, Julio Carabaña. El caso más llamativo es el de los chinos: su distancia cultural y social es máxima y no por ello plantean demandas especiales a las escuelas, en las que suelen destacar. Lo mismo ocurre, señala Carabaña, con los indios, asentados desde hace mucho tiempo en Canarias.
Carabaña destaca que la adaptación del alumnado inmigrante al sistema educativo español no representa un problema tan extremo en los centros tal y como aseguran algunas organizaciones políticas y sindicales y medios de comunicación.
"Felizmente, los procesos de incorporación de inmigrantes a las escuelas son mucho más simples y los resultados mucho mejores de lo que los exageradores pregonan", señala el catedrático.
Y añade que las demandas
educativas de la inmigración son bastante simples y limitadas.
Entre el alumnado autóctono y extranjero es difícil apreciar las diferencias culturales.
"Todo se reduce a algunas costumbres que tampoco son tan ajenas a los autóctonos de una cierta edad. Así, los niños marroquíes se extrañan de la ausencia en la escuela de castigos físicos, de la igualdad entre niños y niñas, de que haya mujeres con autoridad y del poco respeto que tienen sus compañerso hacia sus padres", señala Carabaña en el
artículo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004