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Un colegio holandés convierte en profesores a los mejores alumnos

La falta de docentes ha llevado al centro a idear esta medida para sustituir al personal de baja

El Liceo Revius, un centro regional de secundaria situado a las afueras de Doorn, localidad en el centro de Holanda, ha adoptado una fórmula audaz para sustituir a los docentes de baja. Ha convertido en profesores ayudantes a una decena de sus alumnos más aventajados, de entre 15 y 18 años, que realizan así su primera experiencia profesional y obtienen un pequeño sueldo de cuatro a seis euros brutos por hora. La inspección educativa ha dado ya su visto bueno, siempre que los menores no tomen las riendas de la clase como si fueran los titulares de la asignatura. Otro liceo cercano piensa hacer lo mismo el próximo año.

El Revius es una escuela local de inspiración cristiana. Tiene casi 1.300 alumnos de secundaria y formación profesional, y no figura en las listas de centros con problemas de violencia o de escolares con dificultades lingüísticas por provenir de la inmigración. Según la dirección, la escasez de personal no es acuciante, pero quiere aligerar la carga educativa de su equipo de profesores y animar a los estudiantes a inclinarse por la docencia.

Los escogidos asistieron a un cursillo de dos días en la escuela de magisterio de Utrecht

Los propios inspectores de Educación calculan que Holanda necesitará cerca de 53.000 profesores hasta el año 2007, tanto en primaria como en secundaria, formación profesional y de adultos. Una situación precaria que también se nota en el Revius a la hora de sustituir sin previo aviso a un titular enfermo por otro adulto con los diplomas adecuados. Para solventar la situación cuando esto sucede -o también para ayudar a los alumnos de 12 y 13 años a hacer sus deberes, repasar las lecciones o para vigilarles durante los exámenes-, ha preparado a 10 alumnos matriculados en los últimos cursos de secundaria. Los elegidos forman parte de un equipo de élite seleccionado entre unas cincuenta solicitudes, todas internas.

Son siete chicas y tres chicos, y antes de comparecer ante sus alumnos, los nuevos "profesores ayudantes" adolescentes tuvieron que justificar las razones por las cuales deseaban el puesto. Luego fueron analizados sus expedientes académicos para asegurarse de que no corrían el peligro de retrasarse en sus estudios.

Una vez superados todos estos trámites, asistieron a un cursillo de formación de dos días en la escuela de magisterio de Utrecht. Allí les enseñaron a planificar las lecciones que les correspondieran y mantener el orden. También pudieron seguir diversas clases en los cursos inferiores para ver, con otros ojos, cómo actuaban los mayores.

Vicky Schouten, de 17 años, es una de las flamantes profesoras de apoyo de esta nueva hornada. Cuenta que estaba más nerviosa antes de entrar en el aula que durante su primera clase. La asignatura que le adjudicaron fue inglés y los alumnos le preguntaban divertidos si no tendría que hablar sólo en dicha lengua. "Me han dicho que también puedo hablar en holandés para explicar algunas cosas", señaló. Cuando algún grupito se ponía a hablar, su respuesta era espontánea y firme. "A ver si hacéis menos ruido, que intento aclarar una cosa". Hija de profesores de instituto, Vicky tiene claro que estudiará magisterio al concluir la secundaria. Es uno de los ejemplos de lo que el Liceo Revius espera lograr con su nueva iniciativa.

La inspección educativa mostró ciertos reparos al principio ante el proyecto. Según las autoridades, un alumno nunca debe sustituir al titular. Tampoco podían actuar en solitario. Debían contar siempre con la presencia de un docente profesional porque, como señalaron fuentes ministeriales, "nadie está dispuesto a que un asistente le quite una muela en lugar del dentista". La seguridad del alumnado también contaba para los inspectores, que no querían verse confrontados a conflictos de difícil solución por no haber tenido a mano a un adulto en el aula. Aclaradas las dudas oficiales, el trabajo del Revius sigue adelante.

Otra cuestión educativa a debate en Holanda es la vuelta a los uniformes en las escuelas. Se lo están planteando, por ejemplo, en Utrecht, la ciudad universitaria junto a la que se encuentra Doorn. El concejal del Ayuntamiento ha manifestado que querría ponerlos en las escuelas primarias. A la medida se opone, según el último sondeo sobre el particular, el 70% de los 6.000 alumnos consultados.

Para Verhulst sería, sin embargo, una forma de contribuir a la integración de los menores, uno de los mayores quebraderos de cabeza del Ministerio de Educación. En su opinión, además, si el uniforme fuera obligatorio, problemas como el del velo desaparecerían al no estar contemplados en la ropa preceptiva. El concejal se ha inspirado en la vecina Bélgica, donde los centros católicos sí imponen el uniforme, y piensa presentar una propuesta a los responsables de las escuelas de primaria de Utrecht.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004