Varias decenas de muertos volvieron a recordar ayer la frágil situación política y de seguridad en la que vive Irak. Un doble atentado suicida tuvo por objetivo las sedes de los dos principales partidos kurdos en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, una región que hasta ahora se había mantenido relativamente al margen de la violencia imperante en el resto del país. Aunque a media tarde de ayer el depósito de cadáveres municipal sólo había recibido 57 cuerpos, responsables del Partido Demócrata del Kurdistán (PDK) y de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) elevaban la cifra de muertos por encima del centenar. Cerca de 250 personas resultaron heridas por las explosiones.
MÁS INFORMACIÓN
- El ministro iraquí de Exteriores acusa a Al Qaeda de la matanza en Erbil
- Bush acepta una investigación independiente sobre la ausencia de armas prohibidas en Irak
- Blair admite dudas sobre las armas de Irak mientras la oposición exige que se investigue
- Un obús americano mata "por error" a un niño iraquí de nueve años en Kirkut
"Hay aún mucha gente entre los escombros", dijo Qubad Talabani, hijo y portavoz del líder de la UPK, Yalal Talabani. "Parece que algunas paredes se han derrumbado sobre los asistentes". Qubad no se aventuró a facilitar una cifra de muertos, pero el ministro regional de Derechos Humanos, Mohamed Ihsan, hablaba de "al menos 140 muertos, 60 en la sede de la UPK y 80 en la del KDP". El momento elegido, algo así como las fiestas navideñas cristianas, hace aún más doloroso el atentado de ayer.
Los dirigentes de ambos partidos recibían a simpatizantes y vecinos con motivo del primer día de la fiesta musulmana del sacrificio (Aid al Adha), lo que explica los numerosos visitantes que se encontraban en sus sedes, entre ellos varios altos cargos regionales. Aunque los chiíes que constituyen el 60% de la población iraquí no inician el Aid hasta hoy, la mayoría de los kurdos pertenece a la rama suní, la principal del islam, y ayer se reunían para transmitirse buenos deseos.
A falta de conocer el número total de víctimas mortales, el ataque constituye uno de los más sangrientos desde la caída del régimen de Sadam Husein el 9 de abril. Sólo el atentado que costó la vida al ayatolá Mohamed Báquer al Hakim, el 29 de agosto en Nayaf, causó una cifra mayor de muertos, 125 incluido el máximo líder político de los chiíes. Por primera vez, los agresores han utilizado cinturones de explosivos adosados a sus cuerpos y no los coches bomba que se han hecho habituales desde el verano.
Fue tal vez esa innovación lo que les permitió burlar los controles de seguridad. Los vigilantes de ambos partidos dijeron que no cacheaban a la gente debido a la tradición de recibir invitados durante la festividad del sacrificio. Eran las 10.30 de la mañana cuando el primer hombre franqueó sin problemas la entrada de la UPK y, una vez dentro del edificio, detonó su carga mortal. Apenas cinco minutos más tarde, un segundo suicida actuaba del mismo modo en la sede del PDK, situada en el otro extremo de Erbil.
Ambas formaciones políticas, que han rivalizado durante años por el control de la región autónoma que se formó en el norte de Irak tras la guerra del Golfo de 1991, tienen una importante presencia institucional en la capital política del Kurdistán. Allí se halla también el Parlamento autónomo, que reanudó sus sesiones meses antes de la guerra ante la presión de Estados Unidos, que deseaba contar con su apoyo para derribar al régimen de Sadam Husein.
Aliados de EE UU
Entre los 250 heridos se hallaban altos responsables de ambos partidos y destacados cargos locales. Anoche se había confirmado la muerte del gobernador provincial, Akram Mintik; el vicegobernador, Mehdi Khoshnan; el jefe de la policía local y al menos dos ministros del Gobierno regional; los titulares de Agricultura, Saad Abdullah, y de Asuntos del Gabinete, Shawkat Sheij Yazdin, a quien uno de los suicidas se dirigió para saludarle antes de hacer explotar su carga. El Gobierno regional decretó de inmediato el estado de emergencia en todo el Kurdistán, que comprende las provincias de Dohuk, Erbil y Suleimaniya.
Esta nueva ola de violencia después de varios días de relativa calma se produce justo cuando el vicesecretario de Defensa estadounidense, Paul Wolfowitz, visitaba Irak para evaluar la situación de seguridad en el país a cinco meses de la transferencia de soberanía. Durante su última visita, varias granadas de obús alcanzaron el hotel Al Rachid, donde se alojaba.
Los kurdos (un 20% de la población de Irak) han mantenido una autonomía de hecho desde el final de la guerra del Golfo, en febrero de 1991, cuando, a raíz de su levantamiento contra el régimen de Sadam, Washington decretó una zona de exclusión aérea al norte del paralelo 36. A pesar de sus rivalidades internas, esta comunidad y los dos grandes partidos que la representan han sido, desde los preparativos para derribar a Sadam el año pasado, los principales aliados de EE UU en el país.
Esa circunstancia ha permitido que la región disfrute de un mejor nivel de vida que el resto de Irak y sus habitantes recibieron la llegada de las tropas norteamericanas con gestos de alegría. Aun así, también ha habido algunos incidentes violentos desde el cambio de régimen. El más grave de todos ocurrió el 24 de diciembre cuando un suicida detonó un coche cargado de explosivos frente al Ministerio de Interior kurdo. El atentado costó la vida a cuatro civiles y dejó heridos a un centenar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004