Al menos 244 musulmanes murieron a primera hora de la mañana de ayer aplastados y un número similar resultaron heridos después de que se produjera una avalancha de peregrinos durante la lapidación del diablo, uno de los últimos ritos de la peregrinación anual islámica a La Meca (Arabia Saudí) que congregaba a casi dos millones de personas de 160 países. La tragedia se produjo en el puente de Jamrat, en la localidad de Mena, próxima a la principal ciudad santa del islam, un lugar en el que cada año se repiten incidentes parecidos al de ayer.
En las proximidades del puente se congregaban a primera hora de ayer casi dos millones de peregrinos que iban a celebrar el rito de la lapidación del diablo, que consiste en tirar guijarros contra las tres columnas que simbolizan las tentaciones del diablo. Pese a que las autoridades han ensanchado el puente, y aunque las fuerzas de seguridad saudíes se trasladaron ayer al lugar para regular el tráfico de fieles y restringieron los horarios de paso para evitar aglomeraciones, no pudieron evitar la catástrofe.
Más de 1.400.000 fieles han llegado a Arabia Saudí procedentes de unos 160 países para realizar la peregrinación a la ciudad más santa del islam, La Meca, junto a más del millón de peregrinos residentes en el reino. Todo musulmán tiene prescrito realizar el Hach o peregrinación -uno de los cinco pilares del islam- al menos una vez en la vida, siempre que su salud y situación económica se lo permitan.
Asfixiados
El ministro para Asuntos de la Peregrinación, Iyad Madani, confirmó que habían fallecido 244 personas. Otros tantos fueron atendidos de contusiones y síntomas de asfixia en hospitales de La Meca. Testigos citados por varias televisiones de países de la región indicaron que la mayoría de las víctimas eran ancianos y mujeres y que hasta la zona llegaron decenas de ambulancias y miembros de los equipos de rescate para evacuar a las víctimas, muchas de ellas con claros síntomas de asfixia.
Madani aseguró que un enorme número de peregrinos decidieron celebrar la lapidación del diablo al mismo tiempo, a pesar de que las autoridades habían advertido de los riesgos que suponen esas enormes concentraciones. "Había un grupo de personas de más de 400 metros de largo empujando en la misma dirección. La zona próxima al área de la lapidación se colapsó. Y eso condujo a que se desatara el pánico", dijo el ministro.
Madani hizo hincapié en que la mayoría de las víctimas no viajaron a La Meca en grupos organizados. Muchos de ellos acarreaban sus equipajes, lo que provocó la obstrucción del puente de Jamrat. Madani afirmó que los movimientos en esta zona fueron bien controlado desde la medianoche hasta las 8.30 (6.30 en la España peninsular), poco antes de la estampida. "Se hicieron todos los preparativos. Pero no siempre conocemos las intenciones de Dios", concluyó el responsable de Asuntos para la Peregrinación.
El pasado año, 14 personas murieron pisoteadas durante la lapidación del diablo, mientras que 35 personas perdieron la vida en circunstancias similares durante la peregrinación de 2001. El accidente más grave tuvo lugar en 1994, cuando murieron 270 personas. En 1998 perecieron asfixiados 180 fieles.
Sin embargo, fue en 1990 cuando tuvo lugar uno de los peores accidentes, al morir aplastadas en un túnel de La Meca un total de 1.426 personas de las 50.000 que se encontraban dentro, cinco veces el doble de su capacidad.
A la lapidación le siguió ayer el sacrifico de corderos, camellos, vacas y otros animales, que marca el final de la peregrinación y el inicio en todo el mundo musulmán de tres días de fiesta, conocida como la Fiesta del Sacrificio, que conmemora el sacrificio de Ismail por parte de su padre, Abraham.
El viaje espiritual de los peregrinos se inició el pasado viernes en el mayor santuario del islam, la Gran Mezquita de La Meca, en cuyo interior se encuentra la Kaaba, construcción cúbica que contiene la Piedra Negra, hacia la cual todo musulmán se orienta para realizar sus plegarias.
Mensaje de moderación
Con ocasión de la festividad del Sacrificio, el rey Fahd de Arabia Saudí y el príncipe heredero, Abdulá ben Abdulaziz, pronunciaron un discurso en el que pidieron la unidad de todos los países islámicos y se mostraron contrarios al extremismo y al terrorismo. "Extravagancia, extremismo y terrorismo son elementos de decadencia que el islam prohíbe", aseguraron los dirigentes en su intervención.
El llamamiento del rey Fahd y el príncipe heredero coincidió con el de la máxima autoridad religiosa de Arabia Saudí, el jeque Abdulaziz ben Abdulá al Sheikh, quien el pasado sábado ofreció un sermón ante más de dos millones de peregrinos, en el que subrayó que los terroristas que dicen servir a la religión son en realidad "diabólicos".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004