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CARTAS AL DIRECTOR

Un mundo sin fronteras

Vivimos en un mundo sin fronteras, y no precisamente para los inmigrantes, sino para las multinacionales.

Asia, América Latina, Europa del Este, son sus destinos lógicos; allí donde la palabra sindicato es tan rara como la jornada de ocho horas, donde la dignidad tiene otro sentido y la paciencia no parece agotarse jamás.

Las recientes huidas de empresas (Samsung, Philips, Bayer, Ericsson y más...) desde nuestro país han hecho saltar la alarma.

Los comunicados oficiales hablan de deslocalización, pero los trabajadores afectados prefieren llamarlo directamente canallada. Bajo la justificación de una "progresiva reducción de la demanda" de los productos fabricados, aun siendo rentables, trasladan su producción dejando atrás personas en paro y contratando allá donde van en condiciones de esclavitud. Siempre se pueden duplicar los beneficios.

Ciertamente, el neocapitalismo que asumimos y refrendamos con nuestra forma de vida, basado en el expolio y en la explotación del ser humano, supone una guerra de fuertes contra débiles.

Construyamos una economía al servicio del hombre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004