El Gobierno, sabiendo que el aumento del precio del tabaco conlleva un descenso en su consumo, con el consiguiente beneficio para la salud, prefiere no tomar esta medida por el efecto que tendría sobre la inflación. Mientras, no toma medidas para frenar el imparable aumento del precio de la vivienda, puesto que éte no se tiene en cuenta en el cáculo del IPC. Y, añado yo, beneficia a constructores y grandes empresarios del sector (potenciales votantes del PP). Que cada uno tome nota.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004