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OPINIÓN DEL LECTOR

Carta abierta a mi destino

La muerte de un trabajador que cayó desde el piso 14º en las torres de Barakaldo no es un accidente más. Se trata de una vida menos, de una cartera de proyectos tendida en el asfalto, de unas ilusiones que han quedado desparramadas en el suelo, de unas ganas de ser, de casi ser empleado principal -sólo soy subcontrata de contrata-, ya casi estoy en la cima, lo difícil es entrar en la rueda laboral.

Hoy soy yo el protagonista, hablarán de mí en la prensa, en el pueblo, en mi barrio y en mi portal. A mis padres les dirán que fui un buen chico y, sobre todo, trabajador; a mi novia, que siempre esperaba la hora para soñar con nuestro futuro y mis amigos me recordarán por el último fin de semana.

¿Qué pasa con la precariedad laboral?, ¿el incumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales?, ¿la formación?, ¿el delegado de prevención con carácter estable?, ¿la ineficaz labor inspectora y sancionadora de la Administración? y alguna pregunta más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004