Se contrata a jóvenes desempleados por un sueldo que no supera los 700 euros al mes y se les coloca, durante ocho horas al día, frente a un ordenador y un teléfono. Tienen que hacer una media de 60 llamadas al día a otros tantos morosos, gente como ellos que se embarcó en un coche o en un piso sin calcular que también hay que echarle gasolina o pagar la comunidad. Todas las conversaciones quedan grabadas y, en cualquier momento, el jefe puede oír la discusión entre empleado y cliente. Algunos trabajadores admiten que este trabajo es provisional, pero otros van hilvanando contratos de dos meses en dos meses.
"Este trabajo reúne lo peor, gente que lo pasa mal persiguiendo a gente que lo pasa mal"
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de febrero de 2004