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Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'El Bola', de Achero Mañas

EL PAÍS ofrece mañana, por 1,95 euros, el primer largometraje de este director

Achero Mañas debutó en la dirección de largometrajes con El Bola, una sensible e inteligente película sobre los malos tratos paternos a un niño que recibió elogiosas críticas en medio mundo. El filme, que mañana podrá adquirir por 1,95 euros al comprar EL PAÍS, logró en el año 2000 cuatro premios Goya: mejor película, mejor director novel, mejor guión y mejor actor revelación, el niño Juan José Ballesta. Los galardones ayudaron a convertir el filme en un gran éxito popular.

"De pequeño se vive, de mayor se sobrevive", escribió el poeta Leopoldo María Panero, y en esta frase encontró Achero Mañas "muchas connotaciones, muchos significados". "Me quedé con la primera parte de la frase, 'de niño se vive'. Los niños en circunstancias muy adversas nunca dejan de jugar, es muy raro que a un niño le venzan. Es intrínseco en ellos el querer seguir viviendo. Es muy difícil matar la ilusión de un niño". Estimulado por sus experiencias en el barrio madrileño de Carabanchel donde residía, y por sus trabajos con menores marginados en centros de acogida, Achero Mañas filmó tres cortos sobre el tema (Cazadores, Metro y Paraísos artificiales), y propuso en su primer largometraje la historia de un niño maltratado, a través de quien quiso representar "a cualquier chaval que sufra una situación de violencia en cualquier lugar", es decir, "no plasmar únicamente un drama sobre la violencia sufrida por un niño en un barrio de Madrid. El Bola es un drama urbano que podría darse en cualquier ciudad de cualquier país donde cohabiten las diferencias económicas, sociales y culturales".

"Un relato vigoroso, libre, hondo y hermoso; un brote de energía imaginativa"

"A primera vista podría parecer una película más de chicos de barrio sin horizontes ni grandeza", se dijo en Cine español en 100 películas, "pero se trata de una obra medida, matizada y de envergadura. Achero Mañas ha tenido la habilidad de escribir una historia conmovedora y, a sabiendas, ha evitado adentrarse en terrenos desconocidos. Hay que felicitar al director por tratar un tema tan espinoso y tan dado a excesos dramáticos de un modo tan contenido". Javier Ocaña ratificaba esta opinión desde Cinemanía: "Mañas es sincero, tierno en determinados pasajes, pero cruel en otros, con una precisión absoluta, sin concesiones y sin evitar el mal trago al espectador por medio de elipsis que le den a entender pero que no muestren. Es lo que hay, y Mañas opta por mostrarlo, una opción narrativa quizá más arriesgada pero tan real como las malas hostias que da la vida".

Presentada en el festival de San Sebastián, El Bola llamó la atención de los críticos ("relato vigoroso, libre, hondo y hermoso; un brote de energía imaginativa", en palabras de Ángel Fernández-Santos), pero no fue hasta la noche en que logró cuatro premios Goya (mejor película del 2000, mejor director novel, mejor guión y mejor actor revelación, el niño Juan José Ballesta) cuando la película interesó realmente al público convirtiéndola en un éxito de taquilla. A partir de ese momento recorrió diversos festivales obteniendo galardones en Aviñón, Bogotá, Buster, Castellinaria... hasta 25 galardones, además del Premio Fassbinder al director europeo revelación del año, que Achero Mañas justificó "quizá porque hablo de sentimientos, de cosas que pueden llegar a mucha gente". De hecho, la crítica de otros países saludó El Bola con gran respeto: "La película muestra con convicción que en nuestra época de medicina ultrasofisticada es infinitamente más fácil sanar un brazo roto o una enfermedad cardiaca que el dolor psíquico de un niño" (Philippe Leclercq). "Quizá lo más importante de esta película sea que nos obliga a examinar cada uno de nuestros impulsos y sus consecuencias" (Robert K. Elder). "Mañas es un director con un brillante futuro" (David Sterrit).

Para elegir a sus jóvenes actores, Achero Mañas trabajó "con diferentes chavales de entre 11 y 13 años de edad; chicos que busqué en la calle, colegios públicos y centros asistenciales, y que respondían a ciertos rasgos comunes: todos ellos pertenecían a zonas del extrarradio de la ciudad, sus familias eran de clase trabajadora, y todos, de una u otra forma, estaban sometidos a situaciones de verdadera violencia". Tras entrevistarse con 1.600 chicos, para dar vida a El Bola y su amigo Alfredo fueron elegidos Juan José Ballesta y Pablo Galán, que aportaron a la película, según Frédéric Strauss, "una realidad brutal que la aleja del melodrama". Ambos actores, especialmente Ballesta, han continuado interviniendo en películas, demostrando que su sensibilidad interpretativa no fue ocasional. Cuando éste fue entrevistado tras su éxito, confesó: "Achero me decía que tenía que llorar y que había tres posibilidades: o que salía de mí, o que me echaba colirio o que me metía una hostia. Al final salió de mí, que para eso me pagan".

"Para interpretar a los personajes adultos", explicó Mañas, "elegí actores profesionales no excesivamente conocidos, capaces de ayudar con su experiencia a los actores más jóvenes e inexpertos, pero cuyo anonimato no tuviera la carga de alguna imagen anterior que pudiese restarles la autenticidad que yo consideraba imprescindible para la verosimilitud de todos y cada uno de los personajes". Estos espléndidos actores fueron Manuel Morón, Gloria Muñoz (padres de El Bola), Alberto Jiménez y Nieve de Medina (padres de Alberto), que a juicio, bastante peregrino, del crítico de The New York Times Stephen Holden, representan "dos modelos de familias tan radicalmente distintos que se convierten en una metáfora de España antes y después de Franco".

No era ésa la intención del director. Las dos familias representan, efectivamente, distintas maneras de vivir, y aunque los dos niños son marcados por sus padres, "uno de ellos lo es a través del amor, aunque ese amor haga daño -el tatuaje-; el otro, El Bola, lo es a través de la violencia, dejándole una marca más intangible pero también más profunda. El Bola es la historia de un niño que toma conciencia de la existencia de una vida distinta. Ese descubrimiento hace que se rebele ante la idea de volver a su vida anterior".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de febrero de 2004