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Crítica:CLÁSICA

Dúo excepcional de violín y piano

Seguimos con las violinistas, pues anteayer Ibermúsica nos dio oportunidad de aplaudir a la muniquesa Julia Fischer (1983) en dúo de sonatas con el pianista Volker Hiemeyer (Ulm, 1977) en un programa precioso: Bach, Beethoven, Schumann, Brahms y Debussy. Y lo primero a subrayar, por ser lo principal, es la perfecta solución de los dos músicos alemanes al problema que plantea siempre esa suerte de diálogo de contrarios como son el piano y el violín. Todo contribuyó a una identificación -en la intención y la conjunción- puesta al servicio de todos y cada uno de los autores, con tres obras del romanticismo preludiadas por un alto ejemplo del barroco y concluidas en el posimpresionismo del Debussy terminal superador de la sugerencia pictórica, poética y musical.

Ciclo de Ibermúsica. Serie Arriaga

J. Fischer y V. Hiemeyer, violín y piano. Obras de Bach, Beethoven, Schumann, Brahms y Debussy. Auditorio Nacional. Madrid, 18 de febrero.

La violinista veinteañera domina la técnica y expresa cada estilo con fascinante sobriedad a través de un sonido de mesurada densidad y un impulso lírico tan apasionado en la Sonata en la menor, op. 105, de Schumann, en su intensa madurez de 1851, como en la Op. 100, de Brahms, serenada ante el lago Thun y evidente en la adjetivación de los tempi: "amabile, tranquilo, allegreto grazioso, quasi andante". En Debussy, el ideal sonoro es otro: estamos en el mundo de la fantasía y de la "contemplación" y la distancia. Y en el caso de Bach, en una de sus Sonatas para clave con violín obligado , la en mi mayor, BWV 1016, muy admirada por su hijo Carlos Felipe Manuel, triunfa la sabiduría y la sensibilidad artística.

Bravísimo intérprete el pianista Hiemayer, por su finura de touché y su virtuosismo ágil que llevó en volandas el mendelssohniano final (animado) de Schumann y puso en claro el genio beethoveniano en la Sonata en la menor, op. 23, tan cercana a La primavera en fecha y en espíritu, que Josef Szigeti pensaba que debían interpretarse juntas como modelo de unidad radical y, a la vez, de acusado contraste. En suma, una gran demostración de elevación e inventiva, la de esta suerte de pequeña-gran antología.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de febrero de 2004