Eduardo Jordá (Palma de Mallorca, 1956) ha sido definido por el crítico y poeta José Luis García Martín como "uno de los más notables escritores viajeros que han surgido en los últimos años". Residente en Sevilla, Jordá es un escritor que ha tocado los géneros más diversos. Es autor de la novela La fiebre de Siam (1988) y los libros de viajes Tánger (1993) y Norte Grande (2002). También ha publicado dos volúmenes de diarios y varios libros de poemas. Jordá acaba de sacar a la calle Lugares que no cambian en Alba Editorial.
Su última obra se inscribe en un "género indeterminado en el que se mezcla realidad y ficción". "Son artículos y cuentos en los que nunca dejo claro qué es real y qué es ficticio, y en los que espero que el público considere real lo que es ficticio y, al revés, ficticio lo que es real. El título lo he tomado de un poema de Wystan Hugh Auden en el que dice que hay lugares que recordamos como lugares que no cambian porque en esos lugares los que cambiamos fuimos nosotros", comenta el escritor mallorquín.
"He intentado hablar de lugares en los que sufrí una transformación, en los que vi las cosas de otro modo o en los que me vi de otro modo gracias a los encuentros, a la visión de un personaje o a un hecho casual", relata. "Aparecen los lugares que más me gustan: Tánger, Irlanda, la India, México, Trieste, Santiago de Chile, Cuba, Túnez... Y luego hay un apartado especial dedicado a puestos fronterizos. Me fascinan porque son los lugares más irreales que uno pueda imaginar. Y por eso tienen que estar revestidos de todos los signos que los identifiquen como inequívocamente reales: garitas, barreras, postes, torretas de vigilancia, banderas, controles de pasaportes...", explica el autor.
Los puestos fronterizos son el escenario de seis cuentos. Se trata de lugares situados en Trieste, "que es el puesto fronterizo por antonomasia", y entre Bulgaria y Turquía; Irlanda del Norte e Irlanda; Grecia y Turquía; Francia y Bélgica; y Austria y Hungría. "Son seis cuentos que tratan de encuentros con desconocidos que te revelan en un instante, en el poquísimo tiempo que coincides con ellos, una parte de su personalidad y de su pasado que probablemente nunca habían revelado a nadie. Los cuentos muestran esos instantes en que se produce una revelación sobre el personaje con el que has coincidido media hora en un puesto fronterizo", dice el escritor.
Eduardo Jordá trabajó para Camilo José Cela entre 1976 y 1978 en la elaboración de una Enciclopedia del Erotismo. "Y le fiché una biblioteca de temas criminales que le regaló un comisario de policía, supongo que lector fervoroso de La familia de Pascual Duarte. Cela tenía un rótulo de tienda que encontró en un pueblo de León que decía 'Comestibles Cojoncio Gordo", recuerda Jordá.
"El personaje supera a la obra en Cela. Eso es un defecto para un escritor. Creo que su mayor creación fue su personaje Camilo José Cela, el escritor gamberro, juguetón, despectivo, hiriente...", agrega. "Cervantes, por ejemplo, nunca fue una creación suya. Sus creaciones fueron Don Quijote y Sancho. Cervantes se aplicó a escribir historias y tuvo la modestia para volverse pequeño en relación a Don Quijote y Sancho", concluye Jordá.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2004