María Teresa voló ayer con Iberia desde Oviedo hasta Lyón (Francia). Tardó alrededor de tres horas, más el tiempo que pasó en Madrid para hacer el trasbordo. Pagó por ello 425 euros, pero no le sirvieron nada de comer durante todo el trayecto. "Me parece un poco cutre", se quejaba durante su breve paso por Barajas. Los viajeros están comenzando a digerir la decisión de la aerolínea que preside Fernando Conte de cobrar por los servicios de comida a bordo en los vuelos nacionales y europeos (de menos de tres horas de duración).
Carlos y Antonio fueron más afortunados. Viajaron de Madrid a Jerez a la hora del almuerzo y tenían la comida asegurada. La empresa para la que trabajan había comprado para ellos billetes en primera clase, la única que incluye merienda, desayuno, almuerzo o cena en los vuelos domésticos y europeos de Iberia. Aunque esta vez comieron gratis, no están de acuerdo con la decisión de la línea aérea. "Cuando nos toca comprar el billete, viajamos en clase turista y es una lata tener que pagar por la comida", asegura Antonio.
Con este recorte y un menú variado de bocadillos, refrescos, bollería y aperitivos que van desde un euro por una botella de agua hasta los 10 euros por una cena completa, Iberia espera ahorrarse unos 50 millones de euros al año y parar la fuga de viajeros hacia aerolíneas de bajo coste como la británica Easyjet o Air Europa, que tampoco ofrecen comida gratis en sus vuelos.
Rodrigo y Carlota, una pareja que viajó ayer a Roma para unas vacaciones de cinco días, dudan de que el precio de sus billetes sea más barato en el futuro gracias a lo que la empresa se ahorre en gastos de catering. La mayoría de los usuarios se muestran igualmente escépticos. "Si esto va a hacer que paguemos menos, me parece bien, pero lo dudo mucho", aseguraba Jaime justo antes de tomar su vuelo hacia Bruselas.
La empresa, por su parte, asegura que lleva largo tiempo reduciendo las tarifas para poder competir con las aerolíneas de bajo coste. "Han bajado un 14% los precios en los últimos dos años", aseguran desde la compañía. La reducción de gastos se ha convertido en una clave para Iberia. Sus propios estudios indican que en 2003 el coste de sus servicios de abordo era un 24% superior al de las aerolíneas de bajo coste. La cruenta guerra de precios que se ha desatado en el sector se ha reflejado en una caída en los beneficios de la compañía de 145,8 millones de euros en 2003 respecto al año anterior.
Más venta en cafeterías
Los principales favorecidos de la nueva medida han sido las cafeterías y restaurantes de los aeropuertos. En Barajas, la empresa RAESA, que tiene 32 puestos de ventas, ha visto muchos más clientes pasar por caja. Miguel Rojo, director de servicios de RAESA, cuenta que desde la incursión de las aerolíneas de bajo coste el volumen de negocio se ha disparado. Y en los últimos dos días, desde que está en vigor la nueva medida de Iberia, todavía más.
Patricia, que lleva más de 27 años trabajando en una de las cafeterías del aeropuerto, cuenta mientras ajetreadamente limpia mesas y recoge platos que en los últimos dos días "hay mucho más trabajo, con diferencia". Víctor, que también lleva más de un cuarto de siglo en Barajas, es más exacto. "Hemos vendido entre 25 y 30 bocadillos para llevar, un 20% más de lo normal", sentencia. Explica que hay gente que compra la comida en el aeropuerto para comérsela durante el vuelo.
Iberia, como la mayoría de aerolíneas, no impide que sus viajeros suban comida al avión en el equipaje de mano, pero no lo recomienda. "Si algún alimento te sienta mal durante el vuelo, es más peligroso que si te ocurre en tierra. Nosotros podemos garantizar totalmente la calidad de nuestra comida", señalan fuentes de la empresa. Añaden que durante las pruebas realizadas con el nuevo menú de pago, los usuarios han valorado, sobre todo, esta calidad y que el precio no es muy diferente al de los bares del aeropuerto.
Sin embargo, el menú "típico", según los camareros de estos establecimientos, de bocadillo -normalmente de jamón o tortilla- con botella de agua para llevar cuesta en Barajas 4,75 euros. Con el menú de Iberia, la misma comida cuesta 8 euros. Francisco, un cacereño que viajaba ayer desde Madrid a Barcelona, asegura, como muchos otros usuarios, que llevará su propia comida si piensa comer durante el vuelo.
Matilde, una azafata de la línea aérea, se lamenta de la decisión de su compañía. "Pobrecitos; si yo fuera un viajero, la verdad es que me gustaría que me diesen de comer", gratis, claro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2004