Quizá lo más destacable de la vida de Marcos Bravo hasta la lluviosa madrugada del domingo 19 de octubre era el modo en que, a sus 19 años, había logrado ser el cartero en su pueblo, San Martín de Valdeiglesias (Madrid). Su carácter decidido y sus ojazos verdes siguen llamando la atención, pero ahora desde un artilugio de correas y barras metálicas que sujetan la parte de su cuerpo que no podrá ya mover -ni sentir- jamás. Desde la última vértebra dorsal, a la altura de la cintura.
"Acabábamos de dejar a unas amigas, eran como las tres o así, yo iba de copiloto; ni siquiera habíamos bebido", se disculpa. "¡El que sí que tenía que ir bien era el otro! Íbamos por la carretera de los Pantanos", la maldita M-501 donde en 2003 murieron cinco personas en sólo 50 kilómetros. "Se nos echó un coche encima y caímos por un terraplén. A mi amigo no le pasó nada. Yo no podía mover las piernas. Y piensas que a lo mejor te las has roto o ... esto": una paraplejia completa. Asegura que llevaba abrochado el cinturón de seguridad. "No llegamos a darnos, no sabemos nada del otro coche, sólo que era blanco; seguro que ni sabe que tuvimos el accidente".
"Es para toda la vida. Hay que vivir con ello, y bien. No pienso dejar de tener ganas de vivir"
"Acabábamos de dejar a unas amigas, eran las tres, yo iba de copiloto; no habíamos bebido"
El impacto emocional que causa al común de los mortales ver de cerca las peores consecuencias del alcohol y la velocidad lleva a Alberto de Pinto, presidente estatal de la Asociación de Parapléjicos y Grandes Minusválidos (ASPAYM), a recomendar que las sanciones por infracciones de tráfico consistan no tanto en multas económicas o retiradas del carné como en labores en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo (HNPT). De Pinto confía en que exista un órgano humano más sensible aún que el bolsillo. Que uno pise con menos ganas el acelerador una vez que ve cómo ha de esforzarse un hombretón para colocar con las manos sus piernas en los apoyos de la silla de ruedas.
Una modificación del Código Penal que entrará en vigor en octubre incluye "trabajos en beneficio de la comunidad", de 31 a 90 días, para sancionar a quienes conduzcan bajo los efectos de cualquier droga, incluido el alcohol. Pero serán los jueces quienes determinen cuándo y cómo se impone ese castigo, además de la inexorable
retirada del carné de uno a cuatro años. De estas sanciones hay precedentes en otros países, como Francia, donde, relata De Pinto, hubo una campaña en la que cuando se paraba a un conductor por una infracción se le obligaba a que hablase durante una hora con un discapacitado que acompañaba a la patrulla.
Marcos piensa en cambio que debería haber más penas de cárcel para los infractores que causen muertos o heridos. "Es un asesinato... A lo mejor antes no pensaba así, pero ahora...". Todavía se extraña de la serenidad que mantuvo hasta que llegó al hospital de Alcorcón. Y lo raro que le resulta no recordar las tres semanas enmorfinado, ni siquiera el momento en que un médico le comunicó que ya no podrá retomar su afición al ciclismo.
Y, sobre todo, le inquieta la fragilidad de la vida. Le interesa recalcar, para sus coetáneos, que la vida invierte el sentido de giro en un segundo, "no tarda nada", por algo tan estúpido como un volantazo o una copa de más. Porque la primera causa de muerte de los jóvenes son los accidentes de tráfico. El 17,57% del total de fallecidos en 2002 por esa causa tenía entre 18 y 24 años pese a que constituyen sólo el 10,32% de la población, según la Dirección General de Tráfico y el Instituto Nacional de Estadística.
Tampoco se entusiasma con la idea de los trabajos comunitarios en el hospital su directora de rehabilitación, María del Carmen Valdizán. Porque ve difícil la organización, aunque admite que sería una medida "práctica y aleccionadora".
Desde 1996 los ingresos de pacientes lesionados en accidentes de tráfico han aumentado un 48%. Valdizán explica que se debe a que han mejorado mucho los traslados de heridos. "Antes las [personas con] lesiones cervicales no llegaban [vivas] a los hospitales". Añade que la transferencia del hospital a los servicios de salud de Castilla-La Mancha ha sido "buenísima" para el centro.
Alberto de Pinto atribuye a los políticos "una cierta demagogia en el trato de los problemas de los discapacitados". "A medida que se acerca el 14-M vamos adquiriendo poder", ironiza. "Somos la fotografía ideal". El 14 de febrero la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, visitó el HNPT (que celebra sus 30 años con un plan director que tratará de mejorar sus servicios) en calidad de cabeza de lista del PP por Toledo.
Marcos confiesa que lo que más echa de menos es el reparto del correo por el pueblo.
"Me da una rabia... me encantaba hablar con la gente". Fue cuando acabaron las clases en la facultad de Económicas de la Complutense, donde piensa retomar sus estudios el próximo curso. Con la cartera de baja por maternidad, hacía siete días que nadie repartía cartas ni facturas. Se plantó en la oficina de Correos y salió con el trabajo puesto.
Volverá a conducir pero el trabajo de cartero está descartado. Para siempre, si la ciencia no lo remedia. "Esto es para toda la vida, hay que vivir con ello y vivir bien. No pienso dejar de tener ganas de vivir".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2004