Irán, el país que alberga la mayor comunidad chií del mundo -63 millones de personas, que corresponden al 93% de su población-, reaccionó ayer con dolor y rabia a la muerte de al menos 22 de sus ciudadanos en el vecino Irak, y reiteró que "los ocupantes siguen sin garantizar la seguridad del pueblo iraquí". En ese sentido, el portavoz de Exteriores, Hamid Reza Asefi, señaló que los ocupantes "deben admitir su responsabilidad en el incidente".
Durante la dictadura nacionalista de Sadam Husein, la mayoría de los grandes ayatolás chiíes de Irak se refugiaron en Irán -desde el asesinado Mohamed Baqer al Hakim al actual máximo líder religioso, Alí Sistani- y formaron sus escuelas religiosas en la ciudad de Qom, convertida en el Vaticano del chiísmo. El derrocamiento del tirano, bajo cuyo régimen la mayoría chií iraquí -el 62% de la población- fue duramente reprimida, supuso para los chiíes, tanto de Irak como del resto del mundo, la oportunidad de celebrar libremente la fiesta del Achura. De ahí que decenas de miles de iraníes decidieron viajar a Irak para acudir a los lugares santos de Kerbala y Nayaf.
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Irán se ha mostrado dispuesto a colaborar en el apaciguamiento de las masas de chiíes iraquíes durante este periodo de transición, pero ha insistido una y otra vez en que los "ocupantes" deben de entregar el poder "lo antes posible" y dejar a los iraquíes que gobiernen su país.
El viceministro del Interior iraní, Alí Asghar Ahmadi, declaró ayer a la televisión que temía que, además de las 22 víctimas mortales confirmadas, hubiera también numerosos iraníes entre los heridos tanto de Kerbala como de Bagdad.
Los peregrinos de la Repúlica Islámica exigen que se "identifique y castigue a los agentes" que han causado las matanzas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2004