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La izquierda francesa ataca la "demolición social" del Gobierno

Los socialistas franceses presentaron ayer una moción de censura contra la "obra de demolición social" emprendida por el Gobierno de derechas, en un claro esfuerzo por hacerse más visibles para las elecciones regionales y cantonales que se celebrarán en menos de tres semanas. La guerra por el poder en el seno de la derecha va camino de arreglarse, gracias a un pacto en fase de negociación entre el jefe del Ejecutivo, Jean-Pierre Raffarin, y el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, lo cual podría alejar las perspectivas de recuperación de la izquierda tras la dura derrota sufrida en 2002.

Emparedados a su izquierda por dos partidos troskistas que se han aliado, y ante la amenaza permanente de que la extrema derecha pique en el voto popular, el Partido Socialista eligió ayer la tribuna parlamentaria para salir al encuentro del mal ambiente provocado por una serie de protestas muy heterogéneas. En las últimas semanas se han multiplicado las iniciativas de profesores e investigadores, que luchan contra un recorte de créditos públicos, mezcladas con protestas constantes de los trabajadores temporales del espectáculo contra el recorte de sus ingresos.

El líder socialista, François Hollande, denunció ayer una "regresión social de gran amplitud", para lo cual citó "la amputación de derechos a los desempleados, cuando se baja los impuestos a los ingresos más elevados" y atacó la descentralización de algunas competencias del Estado, afirmando que sólo pretende traspasar su déficit a las entidades locales. Hollande fustigó en especial el récord alcanzado por la deuda del Estado francés, equivalente al 63% del PIB, tres puntos más del máximo autorizado por los criterios de Maastricht: cada francés debe en este momento una media de 15.000 euros a cuenta del endeudamiento estatal, lo nunca visto en este país.

Moción de censura

Sin dificultades para sobrevivir a la moción de censura -la moción recogió 175 votos, muchos menos de los 288 necesarios para el triunfo- Raffarin tampoco tuvo grandes problemas para responder a los socialistas con acusaciones de "izquierdismo de caricatura". Más seguro de sí mismo que hace unas semanas, el jefe del Gobierno confirmó una reforma de gran amplitud en la Seguridad Social en los próximos meses, para la que deseó, "como en Alemania", una amplia concertación social y política.

Más que el futuro de la izquierda, la sal de la política francesa está en la reconstrucción del liderazgo en la derecha ante la salida anunciada del ex primer ministro, Alain Juppé, como cabeza de la Unión por un Movimiento Popular (UMP).

A juzgar por lo que publica el diario conservador Le Figaro, el jefe del Gobierno, Jean-Pierre Raffarin, y el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, negocian un reparto del poder: el partido, para Sarkozy, y el Gobierno para Raffarin, haciendo fracasar así la estrategia del todo menos Sarkozy que se atribuye al grupo más cercano a Chirac.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2004