La tarde-noche del sábado la pasé en urgencias del hospital 12 de Octubre en Madrid. Nada que objetar del personal, que me parecieron unos grandes profesionales, desde los bedeles a enfermeras y médicos; todos ellos me brindaron un trato asistencial y humano exquisito y les felicito por ello a pesar de que sus condiciones de trabajo dejan mucho que desear.
Unas cien personas nos hacinábamos en la sala de espera, no había ni sitio para sentarnos, a veces no podían ni pasar las sillas de ruedas donde estaban los enfermos de escasa movilidad. Los que estábamos allí éramos todos pacientes, salvo quien estaba muy mal o las personas mayores que necesitaban acompañante. Por supuesto, los familiares que nos esperaban en la sala de fuera no tenían ni sitio para sentarse.
Mi espera fue de seis horas, pero había gente que esperó mucho más, personas mayores, diabéticas, con fuertes dolores. Y nos comentaron que había días mucho peores. ¿No nos merecemos los ciudadanos, unos hospitales menos masificados y con más medios?.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 2004