El Gobierno británico reaccionó ayer con cautela al desafío que recibió la víspera por la noche desde la Cámara de los Lores. Los lores aprobaron una enmienda por la que el proyecto de ley de reforma constitucional deberá pasar el examen previo de un comité especial. En la práctica eso significa dejar la reforma de la justicia casi con seguridad para la próxima legislatura o incluso provocar su completo colapso.
La propuesta incluye la desaparición de la figura histórica del lord chancellor, más antigua y oficialmente mejor pagada que el cargo de primer ministro, y la transferencia a un Tribunal Supremo de nueva creación de los poderes que la Cámara alta aún conserva como última instancia judicial del Reino Unido.
Pese a que la víspera el Gobierno había amenazado a los lores con que si bloqueaban el proyecto de ley lo retiraría para presentarlo de nuevo -esta vez directamente a través de la Cámara de los Comunes y aplicando la ley que permite al Gobierno sortear la opinión de los lores en ciertos casos-, ayer el ministro de Asuntos Constitucionales, lord Falconer, reaccionó con suma prudencia. Reiteró que el Gobierno no renuncia a su proyecto, pero subrayó que "estamos estudiando la manera de que la propuesta pase por las dos Cámaras". Los conservadores han advertido de que sería muy grave reformar la justicia sin recibir el dictamen de la Cámara de los Lores.
Tras la votación del lunes, la reforma constitucional ha quedado empantanada. Con la creación en junio pasado del Ministerio de Asuntos Constitucionales, lord Falconer asumió las competencias del lord chancellor con el objetivo de suprimir algunas y reasignar otras en el complicado sistema institucional británico. Dejar la reforma a medias hasta la próxima legislatura sería una derrota política para el laborismo, aunque en este contencioso tiene la ventaja de que, a pesar de los aspavientos y las dramáticas apelaciones al peligro de una crisis constitucional, no es un asunto que parezca inquietar a la opinión pública.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de marzo de 2004