Los cuatro equipos españoles de fútbol que anoche jugaron la UEFA -Barça, Valencia, Mallorca y Villarreal- intentaron sin éxito que los encuentros fueran suspendidos en señal de luto por los atentados. La posición del Barça, por ejemplo, fue invariable desde la reunión que a las 9.30 tuvieron representantes del club catalán y del Celtic de Glasgow con el delegado de la UEFA, Robert Sterkks, y la sostuvo hasta que el organismo mantuvo la jornada con el consentimiento de la federación española, tras consultar ésta al Gobierno.
A primera hora, después de que la expedición azulgrana conociera los atentados, el directivo Xavier Faus y el delegado Carles Naval, acompañados del responsable de prensa del equipo, Josep Miquel Terés, comunicaron a los representantes escoceses su intención de pedir que el partido no se jugara. El Celtic sopesó la situación y finalmente, por boca del director general Peter Lawwell, accedió a sumarse a la solicitud del Barça. Pero el Celtic necesitaba una respuesta oficial y firme de la UEFA para desmovilizar a los 60.000 aficionados que se esperaban en el partido. Media hora más tarde se produjo la negativa.
El presidente del Barça, Joan Laporta, mantuvo conversaciones telefónicas con el presidente de la Federación Española, Ángel María Villar, con el presidente de la Liga, Pedro Tomás, y con representantes de los otros clubes españoles implicados, también partidarios de la suspensión. Faus precisó incluso que la federación comunicó inicialmente por escrito a la UEFA su petición de que se suspendiera la jornada, demanda que no fue atendida. El 11-S la UEFA tampoco suspendió la jornada de competición.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de marzo de 2004