Todavía no se puede decir con certeza que los terroristas islámicos sean los responsables del asesinato en masa de Madrid. Sin embargo cada vez más indicios apuntan en esa dirección. En este caso, hay un motivo real de miedo ante el terror en Europa.
El peligro apenas se puede calcular: No se pueden impedir los atentados en los trenes, aunque todos los policías de pueblo vigilen las estaciones. No existe un modo realmente efectivo para defenderse contra la amenaza de terroristas fanatizados. Los europeos se tendrán que acostumbrar a esta situación.
Lo decisivo es si las decisiones políticas futuras deberán depender de si son del agrado de Al Qaeda. Es comprensible que ahora muchos españoles maldigan la participación en la guerra de Irak, ya que ésta, posiblemente, haya traído el terror a Madrid. Hay una cosa que la guerra de Irak, más allá de su irresponsabilidad de derecho internacional, no ha conseguido: la contención del terror internacional. Hay buenos motivos para rechazar esa guerra: el miedo ante al-Qaida no es uno de ellos.
Sería fatal caer en una actitud dirigida a no dar motivos a los islamistas para que no pusieran bombas. Convertiría la democracia, la libertad y el estilo de vida occidental en objeto de trapicheo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de marzo de 2004