La España de la convivencia, de la civilidad, del humanismo, de la serenidad, de la libertad, de la razón, de la esperanza, del pluralismo, la apertura al mundo... Por poco, pero ha ganado. Y ha perdido la España crispada, la del incivismo, la del materialismo consumista, la del miedo, la irracional, la desesperada y enfrentada con ella misma y con Europa y el mundo. Por poco, pero ha perdido.
Ahora hace falta que los "ganadores" se dejen la piel en recuperar la harmonía entre los pueblos y territorios y la confianza en la construcción de un futuro mejor para todos, especialmente para los maltratados por un sistema injusto. Y que lo hagan con firmeza y generosidad a la vez, ilusionando a la ciudadanía, especialmente a la juventud que sube. Contando, incluso, con los "perdedores", porque a todos nos afectan las macabras consecuencias de las políticas nefastas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de marzo de 2004