La debacle del Partido Popular en las ciudades gallegas quedó simbolizada con toda su crudeza en Pontevedra. La ciudad donde ha vivido Mariano Rajoy desde su adolescencia y donde dio los primeros pasos en su carrera política otorgó la victoria al PSOE, que dejó al PP por debajo del 40%. Pontevedra también ilustró el serio varapalo del Bloque Nacionalista Galego (BNG), que a pesar de que gobierna el municipio no pudo evitar la masiva fuga de votos hacia el PSOE y se quedó en un escuálido 14%.
De las siete ciudades gallegas por encima de los 50.000 habitantes, el PP sólo fue la fuerza más votada en Ourense, Santiago y Ferrol. Pero en los tres casos los populares se beneficiaron de la división de la izquierda entre socialistas y nacionalistas, que en conjunto acapararon en torno al 60% de los votos emitidos. En A Coruña, el PSOE ganó con el 46%. Y por primera vez en la historia de la democracia, los socialistas vencieron en Vigo y Lugo. La misma Galicia que en las elecciones municipales del año pasado, con la crisis del Prestige muy reciente, sólo castigó a medias al PP, pasó esta vez al Gobierno de Aznar una factura corregida y aumentada. Los socialistas gallegos tienen motivos para la euforia, porque la jornada del domingo marcó el final definitivo de una travesía del desierto que ha durado 15 años.
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Pero los comicios también dejaron patente la dualidad del electorado gallego. Era un fenómeno ya apreciable desde hace años que culminó el 14-M, con la mayor participación de la historia electoral de Galicia. Mientras las ciudades y los municipios de tamaño medio otorgaron un contundente triunfo a la izquierda, el PP mantuvo su inquebrantable resistencia en las zonas rurales. Su mejor resultado fue en Ourense, donde volvió a superar el 50% y sólo retrocedió dos puntos porcentuales.
Pero tampoco resultó una noticia demasiado buena para Rajoy y sus colaboradores en la dirección gallega del PP, enfrentada desde hace tiempo al líder popular de Ourense, José Luis Baltar. "Seguimos siendo el fortín del Partido Popular en Galicia", se ufanó Baltar, el más firme defensor de Xosé Cuiña, defenestrado delfín del presidente de la Xunta, Manuel Fraga, y tradicional adversario interno de Rajoy.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de marzo de 2004