La guerra de Irak estuvo a punto de debilitar los lazos de Turquía con Estados Unidos, pero también puede acabar abriéndole las puertas de Europa el próximo diciembre. El Gobierno islamista de Ankara se negó, desde el Parlamento que controla por aplastante mayoría, a permitir el paso de tropas de EE UU para abrir un frente en el norte de Irak. Y la derrota de Sadam Husein dio alas a la minoría kurda iraquí, que vio reconocida su autonomía en premio a su colaboración con las tropas norteamericanas. Para el estamiento militar turco, este embrión de autogobierno kurdo es una amenaza a su modelo de Estado centralista.
Pero a pesar de su relativo alejamiento de la guerra, Estambul acabó sufriendo una sangrienta ola de atentados el pasado noviembre. Para el terrorismo integrista, la coexistencia de islam y democracia en Turquía es la peor herejía. Desde entonces, el Gobierno de Ankara ha acelerado las reformas para abrirse paso hacia la UE.
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* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de marzo de 2004