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OPINIÓN DEL LECTOR

El 'muro' del Canal de Isabel II

Dichosa sordera la de aquellas personas que se esconden en la cerrazón y el silencio, ante la petición de diálogo del resto de los humanos.

Estimado señor gerente del Canal de Isabel II, una vez demostrado este proceder con sus congéneres, no es de extrañar que actúe "inquisitoriamente" con los gatos que habitan en esas instalaciones. Recuerde que desde que comenzaron a colocarse las placas de hierro a lo largo de la valla, usted ha recibido un sinfín de escritos y llamadas de asociaciones de protección animal y de particulares que, manifestando una preocupación por el destino que podía deparar a los felinos, hasta le proponían sacarlos del recinto; sin embargo, encerrado en su recién estrenado búnker, no ha perdido el tiempo en contestar a faxes y llamadas telefónicas. ¿Para qué?

Es sorprendente que en pleno siglo XXI se pueda levantar un "muro de la vergüenza", mucho más alto e infranqueable por la distancia y el alejamiento que se empeñan en marcar desde el otro lado que por las dimensiones físicas de sus placas. Por fortuna, tarde o temprano esa clase de muros se desploman dejando al desnudo las miserias humanas.

Señor gerente, lo que usted no había previsto es que, a pesar de ser nulas las vistas de su interior desde la calle, multitud de vecinos de las viviendas colindantes dieran la voz de alarma el pasado fin de semana al comprobar con estupor cómo, a escondidas, se depositaban jaulas-trampa para capturar a los gatos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de marzo de 2004